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Para formar a mejores líderes, el Tec enseña a actuar para que florezcan los demás

Para formar a mejores líderes, el Tec enseña a actuar para que florezcan los demás

¿Cómo es un líder? Es una pregunta que Santiago Vázquez Blanco, director del recién creado Instituto de Liderazgo del Instituto Tecnológico y de Estudios de Monterrey, no puede resolver. En cambio, plantea canjear la interrogante por la pregunta ¿cómo no es un líder? 


Monterrey, Nuevo León. Tres licenciaturas, un doctorado y varias certificaciones en gestión de talento no le dan a Santiago Vázquez Blanco para dar con la ecuación de un líder. A estas alturas admite: "no sé qué es el liderazgo”. Y si alguien se aventura a encajonarlo en una sola concepción, ésta seguro de que será una idea “trasnochada”. 

No ha probado bocado. Los meseros le llevaron el primer tiempo de la comida, esperaron y llevaron el segundo. Se frenaron en el postre, un tercer plato sin picar sería demasiado. Es un día muy ocupado para Santiago Vázquez porque en unas horas presentará el Instituto de Liderazgo del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey.  

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Antes, se reunió con tres de los cuatro ponentes que hablarán en el foro “México el país del sí”, organizado por el Tec de Monterrey. Dos exalumnos y un profesor, quienes hablarán de los proyectos que lideran, es decir, de sus vidas. Después de atender a reporteros Santiago Vázquez supervisará el foro y al final hará una aparición. 

Líder añejo 

Hay que desaprender al líder añejo, dice el especialista nacido en España. Desechar la idea del que nunca se equivoca –o aparenta no hacerlo—, del carismático, individualista, apunta. Quienes quieran gestionar y guiar equipos habrán de orientar sus esfuerzos en servir y no solo servirse de ellos, sostiene. 

En 2015 el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) reveló que, según su encuesta Agenda Global, 86 por ciento pensaba que hay una crisis de liderazgo. La calidad de la dirección no está en su mejor momento, agrega Vázquez Blanco. 

Quizá este momento crítico se deba a que la conducción de muchos ha sido a base del miedo, de imposición, y a que su manejo no estaba orientado a las personas, sino solo a productividad, señala. 

La crisis de la felicidad

Pero el trance del liderazgo no está solo, viene acompañado “de una crisis de felicidad”, asegura Santiago Vázquez, sociólogo, politólogo y economista. Hace no poco tiempo, dice, se tenía claro que el éxito se debía lograr incluso a costa de tu vida, conceptos como la conciliación familiar espantaban. 

Sin la intención de generalizar, advierte, la generación X (nacidos entre 1960 y 1980) creía que había que liderar “por presión y no por pasión”. Ahora la mayoría de ellos tiene que aprender a guiar a millennials y centennials, aprender a relacionarse de otra manera y acostumbrarse a la retroalimentación de ideas con esos jóvenes. 

Para nada es nuevo que la revolución digital está cambiando las maneras de vivir, muchas empresas fracasarán y muchas de las que van a liderar ni siquiera han nacido, indica. Empleos que desaparecen y otros que emergen. Entonces, los directores deberán aprender ahora “cómo gestionar la incertidumbre”.

Las multidisciplinas del liderazgo

Uno de los objetivos del Instituto de Liderazgo, explica, es formar personas conscientes de sí y de su entorno, que estén y sean comprometidos y que tengan resiliencia. El organismo se divide en un área de investigación, un observatorio y la parte de desarrollo de proyectos estratégicos. 

El autor de ocho libros sobre recursos humanos en temas de liderazgo sostiene para formar a líderes hay que echar mano de varias disciplinas. Los conceptos filosóficos del ser humano, la antropología y su foco en las manifestaciones de la sociedad son imprescindibles. 

El conocimiento de sobre las emociones, las hormonas que se segregan al sentir de tal cual manera, o al pensar de diversas formas es imperioso a la hora de hablar de liderazgo, apunta. Otra parte importante, añade Santiago Vázquez, será mostrar que “se vale decir no sé” o “me equivoqué”. 

Liderar implica una gran empresa, pero autoliderarse lo es más, porque lograr gobernarse a sí mismo derivará en poder guiar a otros, dice. Por ello, una de las causas que tomará el instituto en fomentar que los alumnos le encuentren significado a sus acciones, que propicien “el florecimiento de los demás, porque eso los ayudará a florecer a sí mismos”.

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