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Cuando una buena educación no significa un buen trabajo

Cuando una buena educación no significa un buen trabajo

El “mientras más preparado estés tendrás mejores oportunidades”, de frase de sabiduría popular devino en conseja, debido a la actual realidad laboral. Y esta precarización del trabajo afecta a todo el mundo.


Un tercio de los profesionistas inmigrantes que laboran en México desempeñan trabajos para los que están sobrecalificados, es decir, que tienen una formación y/o experiencia que sobrepasa las cualidades requeridas por el puesto de trabajo que ocupan. Pero el fenómeno de los profesionistas que se encuentran en trabajos de baja y media calificación afecta a un porcentaje un poco más alto de mexicanos, revela un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos  (OCDE).

El estudio Settling In 2018. Indicators of Immigrant Integration (cuya posible traducción es Adaptación en 2018. Indicadores de Integración de Inmigrantes), indica que 31.8% de los profesionistas no nacidos en México que tienen habilidades y conocimientos por encima de los necesarios para la labor que desempeñan, porcentaje cercano al promedio de los países de la OCDE (35.1 por ciento).

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La tendencia entre las naciones de la OCDE marca que, en general, los porcentajes de los profesionistas inmigrantes en este rubro son mayores a los de los profesionistas nativos. En México, esta relación se invierte, aunque por poco margen: 33.1% de los profesionistas mexicanos tienen un trabajo para el que están sobrecalificados. Con todo, esta proporción se encuentra dentro del promedio de los países OCDE, en esta vertical es de 30.7 por ciento.

El país miembro de la OCDE con los porcentajes de profesionistas sobrecalificados más altos es Corea del Sur, en proporciones que duplican los promedios del organismo. La nación asiática tiene una tasa de  inmigrantes en esta situación de 74.5%; para los profesionistas coreanos, la proporción rebasa la mitad de la fuerza laboral: 59.6 por ciento.

70% de los coreanos entre 20 y 30 años cuenta con un título universitario. El sistema educativo surcoreano está entre los 5 primeros en el mundo. Las familias gastan importantes cantidades en la educación de los hijos, con el objetivo de asegurarles un trabajo en los grandes conglomerados como Samsung o LG, o una plaza en el Gobierno. Los jóvenes cursan en las universidades ingenierías o carreras enfocadas al servicio civil. Con todo, la tasa de desempleo entre la población joven es de 10%, la más alta para un grupo etario en Corea del Sur.

Para los que no logran colocarse en alguna de las grandes firmas, queda el trabajar en una pyme o engrosar las filas del desempleo. Con jornadas de trabajo mas largas y con salarios que pueden ser 10 veces menores, las pymes son las empleadoras de la fuerza laboral que no puede ser absorbido por los grandes corporativos coreanos. Y las grandes firmas cada año hacen menos contrataciones. El resultado: una fuerza laboral sobrecalificada para un mercado laboral que no puede corresponder.

El “mientras más preparado estés tendrás mejores oportunidades”, de frase de sabiduría popular devino en conseja, debido a la actual realidad laboral. Y esta precarización del trabajo afecta a todo el mundo.

En México, en la década de 1960, cada estudiante universitario tenía aseguradas tres ofertas de empleo tan pronto obtuviera su título. En la actualidad, sólo hay un trabajo de nivel profesional disponible por cada cuatro egresados de las universidades. Estas cifras se registran desde los noventa, década en que iniciaron reformas que buscaban flexibilizar el mercado laboral.

Un artículo de la Harvard Business Review resalta otro problema asociado a la sobrecalificación de los profesionistas. En The Myth of the Overqualified Worker (El mito del trabajador sobrecalificado), el articulista Andrew O’Connell señala que la acción de los reclutadores al descartar las currículas de quienes tienen una mejor preparación que la requerida, para así favorecer a los que sólo se ajustan al perfil, constituye un acto de discriminación,  acto equiparable a negar el trabajo a una persona por su género o raza. “Y a diferencia de la discriminación basada en la edad o el género, negarse a contratar trabajadores sobrecualificados es perfectamente legal”, escribe O’Connell.

La intención de O’Connell no es la de un Espartaco de los profesionistas. En su lugar, el artículo toma un camino muy distinto: aconsejar a los reclutadores que el contratar a personas sobrecualificadas para cubrir las vacantes les puede reportar beneficios. Contrario al prejuicio contra estos profesionistas de que abandonarán pronto el trabajo tan pronto encuentren un empleo mejor —de mejor calidad y paga—, los sobrecalificados pueden traer beneficios a la empresa, siempre que ésta le otorgue un margen de decisión. Es decir, aprovechar sus capacidades laborales a cambio de una estrategia de salario emocional, “beneficios no monetarios que una empresa ofrece a los empleados además de su salario”, se puede leer en una de las definiciones. Articulado de otra forma: una compensación simbólica en sustitución del pago del valor real del trabajo de una persona.

Así, las ideas corrientes sobre este fenómeno es que su solución estriba en aceptar su inevitabilidad, y amoldarse a las circunstancias, como forma de aceptación. Pero no todas las voces opinan así.

“El capital multinacional necesita un precariado: personas habituadas al trabajo inestable y la vida inestable; sobrecualificados por lo que se espera que hagan; y reducido a ser suplicantes, sin los derechos que los ciudadanos de la corriente dominante dan por sentado, y sin saber qué esperar en un ambiente de incertidumbre”, dijo Guy Standing, economista de origen británico que trabajó en la Organización Internacional del Trabajo (OIT) como director del Programa de Seguridad Socioeconómica, en una entrevista para el diario británico The Guardian.

Standing es el creador del concepto de precariado, término bajo el que agrupa al segmento de la población que comparte estas problemáticas y características, y que en su opinión constituyen una clase social distinta al proletariado, clase social descrita por Karl Marx. Para Standing, a los miembros del precariado no les es ajena su situación de precariedad laboral ni su posición en la pirámide social, y saben que esto es común a muchas personas más.

Guy Standing afirma que estas características hacen al precariado peligroso para el statu quo: el tener conciencia de que son un segmento importante de la población obligada a tener estas condiciones de vida, le habilita para organizarse, exigir y generar cambios para mejorarlas.

Así, el estudio de la OCDE refleja la situación de un nuevo grupo social, definido antes que nada por un mercado laboral que no les ofrece las condiciones para llevar una vida digna.

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