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La vida y las oportunidades de las mujeres las podemos cambiar sólo en conjunto

Por: Sara Morgan Hermida* 08 Mar 2021
La vida y las oportunidades de las mujeres las podemos cambiar sólo en conjunto
Nuestra sociedad no tiene impedimento para el equilibrio entre hombres y mujeres, pero la formación en México sigue sustentada en la diferenciación, en la comparación, y no bajo la perspectiva del desempeño con plena libertad.

El Banco Mundial publicó hace unos días el índice Mujer, Empresa y el Derecho 2021, en éste México avanzó 20 lugares, partiendo del número 65 reportado en 2020 hasta llegar a la posición 45. Esto debería ser una gran noticia, y lo es, sin embargo, a pesar de poder considerarlo un gran logro, sería mucho mejor estar en el primer lugar. 

Si México es un país integrado mayoritariamente por mujeres que encabezan hogares, y con ello el sustento para sus familias, estar en el primer sitio no es una exigencia, sino un deber, ya que representaría que muchas tuvieran la posibilidad de ser libres de agresiones, opresiones, desventajas educativas, culturales, económicas y sociales.

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No tendrían que temer en sus hogares y el despertar de todas las mujeres en este país sería sin estrés y angustia al sentir que sus decisiones son su motor de vida plena.

Nuestra sociedad no tiene impedimento para el equilibrio entre hombres y mujeres, pero la formación en México sigue sustentada en la diferenciación, en la comparación, y no bajo la perspectiva del desempeño intelectual o de cualquier otro ámbito (deportivo, técnico, manual) con plena libertad, que nos haga conscientes de que, ante la azarosa naturaleza que nos destina a ser mujeres u hombres (biológicamente hablando), somos seres pensantes.

Creo que hemos tratado por vías erróneas de arreglar el modo conductual de muchas personas, tratando de convencer a través de simples modificaciones lingüísticas que no se traducen en cambios de acciones colectivas a favor de la igualdad.

La feminidad debe tener un bien primario; la capacidad de ideas y la finalidad debe ser desintegrar este discurso de desigualdad, ya que siempre viene precedido de justificaciones como aquélla de que vivimos una época igualitaria y de meritocracia, que no es así.

Hay obstáculos que impiden que las mujeres accedan a trabajos bien remunerados porque arrastramos una serie de obligaciones antes de poder desarrollarnos de forma libre. Los relevantes son la educación, donde la calidad y la cantidad pesan, ya que en la mayoría de los casos las mujeres no obtienen calidad suficiente que les permita escalar hacia nuevas metas, con la consecuencia de que las habilidades son mayoritariamente equiparables a las de trabajos manuales y no intelectuales. No hablamos aquí de la dignidad del trabajo, sino de la remuneración económica que permita la movilidad ascendente en muchos aspectos para llevar vidas de mayor comodidad. 

También la obligación familiar. No obstante que vivimos en el siglo de avances y reducción de tareas domésticas mediante un reparto más equitativo, hay aspectos que no son medibles pero que impactan de forma certera en el desempeño femenino, me refiero al estrés que causa el equilibrio entre la atención familiar y la del trabajo, siendo éste un detonante para que no haya un disfrute pleno en el desempeño laboral, pues muchas mujeres tienen dilemas al tener que conjugar todos los aspectos de su vida de forma perfecta. Es notorio que esto es imposible, pero ideales absurdos como estereotipos de belleza, exclusión social al no querer ser madres y maternidades fugaces suceden ahora más de lo que imaginamos y los niveles de depresión o burnout se detonan como enfermedades incapacitantes que afectan mucho más a las mujeres. 

Además, la situación del trabajo en casa o teletrabajo, donde parece generarse un gran equilibrio, puede ser engañosa ya que invade nuestro mundo personal.  

En ese sentido, los obstáculos en México no han cesado ya que suponíamos que las perspectivas igualitarias requerirían menos esfuerzo, pero el subdesarrollo educativo y la falta de oportunidades hunden los futuros femeninos condenando con esto a muchas generaciones.

Por ello es necesario plantearnos si preferimos derrocarnos con lo que nos hace diferentes o trascender hacia la comprensión de que la igualdad es la única opción. 

*La autora es Procuradora de la Defensa del Trabajo de la CDMX (@MorganSarel)

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