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Home schooling y home office: Carga para unos, utopía para la mayoría

Por: Alejandro Ureña Amieva* 02 Mar 2021
Home schooling y home office: Carga para unos, utopía para la mayoría
Cuanto más tiempo permanecen cerradas las escuelas, más sufren los niños la pérdida prolongada de aprendizaje, además de la repercusión negativa a largo plazo, que puede afectar a sus ingresos futuros y a su salud.

Nos despertamos temprano para ordenar y preparar los espacios de trabajo. Cada uno en su lugar y separados para no interrumpir al otro. Compartimos el mismo hogar, pero cada uno está en diferentes mundos. Comienzan las videoconferencias del día y la casa se mantiene en silencio, todos con sus audífonos y ensimismados en sus labores, pero invariablemente, el pequeño de 6 años, que comenzó la primaria por computadora, se distrae con sus juguetes al poco tiempo y recibo mensaje de su maestra, por lo que tengo que excusarme de la reunión para ir a ayudarlo…. Ha comenzado una nueva semana de escuela y trabajo en casa. 

Los trabajadores privilegiados y con hijos ya saben lo complejo que es organizarse sin poder salir de casa. La recomendación más importante es cuidar a los niños: procurar el tiempo sin pantallas, incentivar el juego manual, detener la sobreexigencia y recuperar lo más posible la comunicación cercana, empática y amorosa.

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Pero el problema real está en el otro extremo, el más afectado, que tiene que hacer malabares para sostener el hogar con trabajos que los mantienen al día, pues no tienen los privilegios de las pantallas, los estudios privados y las redes de alta velocidad. En la región de América Latina y el Caribe, por ejemplo, solo 30% de los niños de familias de nivel socioeconómico bajo tiene acceso a una computadora según la ONU. 

No tienen los medios para estudiar en línea, y aunque los tuvieran, la brecha salarial y la necesidad de trabajo manual hacen imposible quedarse en casa a cuidar a los menores, lo cual en parte significa que al menos un 10% del total de alumnos de nivel preescolar, primario, secundario y bachillerato han desertado sus estudios en toda Latinoamérica; en México eso implica más de 2.5 millones de niños y niñas que tendrán que lidiar con un rezago importante durante toda su vida. 

Cuanto más tiempo permanecen cerradas las escuelas, más sufren los niños la pérdida prolongada de aprendizaje, además de la repercusión negativa a largo plazo, que puede afectar a sus ingresos futuros y a su salud. Dependiendo de la edad, el género, la condición de discapacidad o el nivel socioeconómico, muchos menores —sobre todo los adolescentes— no regresan a la escuela después de los cierres prolongados, y es posible que muchos más sufran una pérdida permanente de aprendizaje.

El enorme riesgo que nos acecha ahora es la ampliación de la brecha de inequidad, pobreza, violencia infantil y de género. Todas ellas fantasmas que hemos tenido que cargar en la región por décadas y que ahora nos obligan a atrasar el desarrollado que teníamos planeado. 

“Esta es la primera crisis verdaderamente mundial que la mayoría de nosotros hemos vivido, y no será la última. Independientemente de dónde vivamos, la pandemia nos afecta a todos y los niños nunca han corrido tanto peligro. Sin embargo, lo peor llegará a medida que evoluciona la crisis económica mundial. Mientras el mundo se enfrente a la recesión económica desencadenada por esta pandemia y a sus efectos sobre los presupuestos de los gobiernos, los hogares y el sector privado, los peligros para los niños no harán más que aumentar, en lugar de disminuir. Debemos proteger décadas de inversiones en la infancia. Dice Henrietta Fore, Directora Ejecutiva de Unicef.

La responsabilidad es colectiva, las implicaciones profundas, no podemos voltear la mirada en este caso pues el efecto económico de una generación perdida a nivel regional es incalculable. Algunas asociaciones de colegios privados han hecho llamados para reabrir las escuelas, lo cuál presenta riesgos entendibles de salud para todas las comunidades, pero el otro extremo de mantener los colegios cerrados por meses —¿u otro año?— es igual de sombrío. Al ritmo que va la vacunación en México, tardaremos al menos tres años en que el 70% de la población esté inoculada y sea seguro abrir todos los niveles de interacción social sin restricciones. 

Mientras tanto, los niños y jóvenes están encerrados, lidiando con la falta de interacción social, con un sistema de aprendizaje que nunca estuvo diseñado para ser en línea, por lo que podemos prever un incremento en las patologías de salud mental. La OMS calculaba que entre 10 y 20% de los niños y adolescentes en el mundo sufría trastornos mentales antes de la pandemia, aún no tenemos las cifras exactas, pero de forma intuitiva podemos percibir que aumentarán. 

El panorama no es alentador, sin embargo, es posible hacer cambios sustanciales. Una visión y una acción proactiva ayudarán no sólo a reducir el daño que cause la crisis actual, sino que podrían convertir la recuperación en crecimiento real. Las sociedades tienen una verdadera oportunidad de “reconstruir mejor” y debemos aprovecharla.

El cambio no sucederá por silos, necesitamos construir en conjunto, gobierno, empresas y sociedad civil. El tamaño de la crisis de inequidad que tenemos en frente puede ser más impactante a largo plazo que lo que está siendo la covid en el corto. Sólo la unión hace la fuerza. 

Es indispensable potenciar el diálogo en todos los niveles y crear estrategias integrales que contemplen las diferentes realidades que se viven en el país. La tarea es titánica, sin duda, pero si logramos que al menos algunos miles de niños se mantengan estudiando, habremos cumplido la misión y el compromiso con el crecimiento del futuro. Hagamos esta labor entre todos. Lo siento, no tengo las respuestas, pero estoy seguro que las podemos construir en conjunto. 

*El autor es Director de Innovación y Desarrollo en Empresas con Rumbo. LinkedIn Top Voice, Coach de Líderes y Equipos de Alto Rendimiento.

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