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Digidesconexión o digifatiga, ésa es la cuestión

Por: Por Victor Fermosel* 27 Sep 2019
Digidesconexión o digifatiga, ésa es la cuestión
La “digifatiga” es el estrés anticipatorio o el burnout, agotamiento físico y mental producido ante largos períodos de sobrecarga de trabajo, ritmo frenético e hiperconexión laboral.

En las sociedades actuales, tenemos la posibilidad de vivir permanentemente conectados a internet. No es extraño divisar por todas partes a personas de distintas edades mirando sus teléfonos móviles y sus pantallas, continuamente. Pero ¿y si esa conexión permanente no fuera voluntaria?

El desarrollo de las nuevas tecnologías aplicadas al mundo laboral ha propiciado bondades como el teletrabajo, pero también conflictos como la perpetua conexión al trabajo de los empleados. Nuevas dimensiones llegan a nuestras vidas y todavía nos cuesta manejarnos en ellas, ante dilemas como cuándo termina el turno de trabajo, qué hacer con el email que llega cuando estás en casa o si responder a la llamada que te entra en el coche cuando ya estás fuera de la oficina.

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Y es que vivir conectados con nuestros compañeros y con la dirección de las empresas tiene muchos beneficios, como una toma de decisiones más ágil en la empresa o la posibilidad de responder de forma inmediata a las necesidades de los clientes, pero también genera males como la “digifatiga”.

La “digifatiga” no es otra cosa que el estrés anticipatorio o el burnout, el síndrome del trabajador quemado, que se da en mayor proporción en las personas más comprometidas con su trabajo y que es producido por un agotamiento físico y mental crónico, normalmente, ante largos períodos de sobrecarga de trabajo, ritmo frenético e hiperconexión laboral.

Estos fenómenos, que están a la vuelta de la esquina en la mayoría de las empresas, generan falta de efectividad e incluso sentimientos negativos o de culpa, llegando a frustrar al trabajador que se ve incapaz de realizar las tareas de manera correcta.  Pero ante ellos no debemos poner “parches”, sino una solución de raíz.

La más efectiva es la denominada “digidesconexión” o, lo que es lo mismo, debemos negarnos a la normalización de la hiperconectividad y, del mismo modo, ser más pacientes con las situaciones que ello puede conllevar. Entre otras cosas porque los datos hablan por sí solos. Según una encuesta realizada por Infojobs, el 51% de la población activa afirma recibir correos y contestar al teléfono fuera del horario laboral y un 90% están de acuerdo con tomar medidas al respecto.

Pero nos enfrentamos a importantes obstáculos:

  • El primer problema es que las empresas pretenden poner soluciones a la “digifatiga”, al tiempo que, por otro lado, se requiere cada vez más celeridad en las soluciones a problemas o incidentes en el entorno empresarial.
  • El segundo, es conocer y entender nuestro tejido empresarial. Según el informe publicado por EAE Business School “La importancia de las PYMEs en la nueva economía española y su influencia en Latinoamérica”, el 99,8% de las empresas mexicanas son pymes, sin los recursos de las grandes empresas. Con lo que cada pyme está aplicando soluciones e intentando hacer lo que puede, sin homogeneizar ni estandarizar sus estrategias y herramientas. Y muchas permanecen a la espera, por falta de medios, información y por una imposibilidad real, por las dimensiones de sus negocios, de tener una negociación colectiva que ponga solución a estos problemas.
  • Regular no siempre es la mejor alternativa, porque lo que vale para unas empresas o países no vale para otros. Hay que adaptar la regulación y no limitarse a reglamentar al pie de la letra. Por ejemplo, nos parecería absurdo que se impusieran sanciones al trabajador que, en pro de una flexibilidad laboral que le permita la conciliación laboral y familiar, decida realizar ciertas funciones a “deshoras” en contra de lo manifestado por la empresa. O a la empresa que se lo permitiera en contra de una regulación establecida.

No hay duda de que la “digidesconexión” negociada entre empresa y trabajador conlleva grandes beneficios comunes para ambos. El empleador consigue incrementar la productividad de sus trabajadores, mejora la calidad e índices de ausentismo y hace crecer la implicación de su personal. El empleado logra reducir el estrés y la ansiedad, gana tiempo para conciliar en otros aspectos y aumenta su motivación.

Mucho camino nos queda por recorrer y mucho que debatir para acabar con la “digifatiga” y llegar a estos escenarios pactados de “digidesconexión”. Pero todas las soluciones pasan por tomar conciencia inmediata y dotar de medios para su realización a empresas y trabajadores.

*El autor es profesor de EAE Business School

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