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Un año en pandemia: La voz ha cambiado; la determinación de las enfermeras, no

Un año en pandemia: La voz ha cambiado; la determinación de las enfermeras, no
A pesar del desgaste físico y mental, los trabajadores de la salud se mantienen en la primera línea frente a la covid-19. Las enfermeras han sido las que más se han contagiado entre el personal médico, con 40% de los casos.

La voz puede cambiar en un año. La entonación, las pausas y el ritmo delatan lo que nos ha ocurrido. En marzo de 2020, al inicio de la pandemia en México, la enfermera Karina Montiel me dio una entrevista. Es marzo de 2021 y volvemos a hablar. Su tono denota mayor molestia por las negligencias de autoridades y población que recaen en el personal de salud. Y ese matiz que antes era de esperanza ahora es uno de calma.

“Cuando no estoy en el hospital, los espacios y el tiempo que me tomo son sagrados”, me dice. Acabo de interrumpir la sacralidad de ese momento, antes de responder mis preguntas estaba coloreando. “Leo, hago caligrafía, cosas que me distraigan para dejar de pensar en el virus todo el día

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De un año para acá hay otro cambio notable en la enfermera: ha bajado 8 kilos. “Ha sido muy cansado, hemos visto morir a mucha gente, a familias completas”. El aislamiento social que ha mantenido ya no sólo es por seguridad, sino por protección mental y emocional.

Hace varios meses que dejó de responder llamadas o mensajes. “Todos los días eran dos o tres personas preguntándome si conocía a un buen médico, si les ayudaba a ingresar a un paciente al hospital, si los tés funcionaban, si el dióxido de cloro se podía tomar”.

Esos mensajes cesaron y también las invitaciones a salir. Algunas de sus amistades consideraban que era seguro ir por un café. Ella, que ve a su esposo cada fin de semana, a su mamá cada tantos meses para no exponerlos, siempre las rechazó. “Una se vuelve antisocial y los demás crean un cerco en el que ya no estás incluida”.

No es lo que queríamos vivir

La pandemia llegó al mundo con un déficit de 9 millones de profesionales de enfermería a nivel global. En México había 315,715 en la Secretaría de Salud (SSa) y 131,300 en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). En ambos sistemas han habido contrataciones por la emergencia sanitaria. En el IMSS la plantilla ha crecido a 142,793 personas.

La convocatoria que la SSa lanzó en abril de 2020 fue para plazas eventuales de seis meses. “Algunas se han ido, otras se quedan. Así que hemos tenido que capacitar constantemente y sobre la marcha porque no tienen experiencia”, dice Karina Montiel.

A inicios de la crisis una de las principales preocupaciones del personal del sector salud fue la escasez de equipo de protección. Este año la insuficiencia es de medicamentos para pacientes covid.

Las reglas del recién creado Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) les impide solicitarles los fármacos a las familias, pues es el organismo quien los debe proporcionar, “pero no lo hace. Cuando funcionaba el Seguro Popular sí podíamos recurrir” a esa opción.

Los ataques que profesionales de la salud sufrían al principio prácticamente se han extinguido, considera. No obstante, “cuando alguien reconoce nuestra labor o se habla sobre nuestra situación, los comentarios son: ‘no son héroes, ése es su trabajo’; ’que no lloren tanto, eso es lo que querían estudiar’”.

O ya se les olvidó la gravedad de esto “o no les ha tocado ver de frente este problema y por eso son insensibles. No entienden que el virus es mortal, ¡que la gente se nos está muriendo ahogada! Eso no es para nada lo que queríamos vivir, ni la gente ni nosotras”.

El negativo más positivo

El personal de enfermería es el que más ha enfermado de covid-19. Hasta el 1 de marzo se habían contagiado más de 92,238, el 40% de los casos entre el personal médico en México. Karina Montiel se ha mantenido a salvo, aunque en enero tuvo en evento de mucho riesgo.

Ese día se había colocado todo el equipo de protección, excepto el cubrebocas porque estaban bajo llave y nadie la encontraba. De pronto, un paciente grave perdía signos vitales. Sin pensarlo, ella y el equipo se acercaron a realizarle maniobras de resucitación.

Estuvo aislada por varios días. Ya había recibido la primera dosis de la vacuna y le preocupaba haberse contagiado y no recibir la segunda. Pero lo que más la tenía tensa era que si resultaba positivo, cómo se lo diría a su familia. Los resultados de la prueba PCR llegaron: negativo.

“La presión que han vivido nuestras familias es demasiada, viven con el miedo a que te contagies. Esto no sólo nos afecta a nosotros”. A su mamá la ha visto quizá cuatro veces en un año. “Su casa tiene patio y ahí nos encontramos, nunca sin cubrebocas, nunca entro y nunca nos acercamos”.

Algo se quebró

La SSa ha habilitado una línea telefónica de atención psicológica. Pueden pedir su cambio a otra área o utilizar las vacaciones de riesgo. “Ésas las otorga la jefatura cuando ve a alguien muy cansado”.

Una técnica de autocuidado ha sido “ignorar lo que la gente asume de mí: soy ‘la mala’ porque no les respondo. No se dan cuenta que no son sólo ellos, son varios más y aparte el hospital”.

A un año de nuestra primera charla ha depurado su círculo de amistades, ha perdido peso por la deshidratación que causa usar el equipo de protección y por el estrés; se ha refugiado en ella misma y en los colores. Algo que también ha cambiado “es que nos damos permiso de externar nuestro dolor”.

En la Facultad de Enfermería le enseñaron “a no mostrar emociones”. A ser empática, pero no apropiarse del dolor ajeno. ”Lo seguimos haciendo, pero han habido ocasiones en las que cerramos la puerta después de atender a un paciente y nos echamos a llorar”.

Algo se quebró y, luego, algo se activó, dice. “Nos permitimos decir que estamos cansados. Eso no era frecuente, teníamos que resistir, aguantar todo. Ahora es: ‘dilo, no pasada nada’. Y nos está haciendo tanto bien”.

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