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Son obreros y jornaleros miles de niños en el país

Son obreros y jornaleros miles de niños en el país
En México más de 3.2 millones de niños y adolescentes trabajan, la mayoría de ellos en actividades peligrosas para su edad y sin la posibilidad de seguir estudiando.

El viaje del limón. Las manos de un niño o una niña lo cortan, digamos, en Michoacán. Tras varias jornadas, cosechan toneladas que luego llegan a las espaldas de otro niño en, supongamos, la central de abasto de la Ciudad de México.

Llevemos ahora esos frutos a una casa donde una adolescente los usa para preparar agua para sus patrones. Esto no es ficción, México es el segundo país en América Latina, después de Brasil, con más trabajo infantil, de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

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El último Módulo de Trabajo Infantil realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reveló que en México hay 3.2 millones de niñas, niños o adolescentes trabajando, 89% de ellos en ocupaciones no permitidas.

Casi el 40% de los niños no recibe un salario por su trabajo y 29% labora jornadas de más 36 horas a la semana. Las actividades agrícolas, ganaderas, la minería y la construcción son los sectores con más mano de obra infantil.

Resultado de la desigualdad

Los niveles “brutales” de desigualdad en el país explican por qué hay tantos niñas, niños y adolescentes de entre 5 y 17 años trabajando,explica Juan Martín Pérez García, director de la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim).

“Somos una de las 20 economías más poderosas del mundo”, pero 47% de los mexicanos vive en la pobreza. El activista cita números del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval): 22 millones de niños son pobres. De ellos, 4.7 millones padecen la pobreza extrema.

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el trabajo infantil es todo empleo que les priva de su niñez, “su potencial y su dignidad, y que es perjudicial para su desarrollo físico y psicológico. También es aquel que les impide asistir a clases”.

En México, más de 915,000 niños no asisten a la escuela porque tienen un trabajo. A esa cifra hay que sumarle otros 111,300 que no estudian porque realizan trabajo doméstico en su propio hogar.

En 2013, el gobierno federal formó una comisión intersecretarial para prevenir y erradicar este problema. En 2014, se creó el Sistema Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes.Para 2015, los legisladores reformaron la Ley Federal del Trabajo para establecer la edad mínima para comenzar a trabajar a los 15 años.

A pesar de esto, no hay políticas de Estado efectivas para atender este problema, coinciden Pérez García e Isabel Margarita Nemecio, coordinadora de la Red Nacional de Jornaleros y Jornaleras Agrícolas.

Ambos lamentan que, debido a la política de austeridad del gobierno actual, el Inegi ya no podrá realizar los estudios para actualizar las estadísticas de trabajo infantil.

Niños jornaleros

De los 3.2 millones de trabajadores infantiles, 70% son niños y 30%, niñas. “Somos un país machista” que guía a los niños a ser los proveedores desde edades tempranas, indica Juan Martín Pérez.

Por otro lado, subraya, a las niñas se les educa para trabajar en espacios privados, como el hogar. Ocho de cada 10 trabajadores del hogar menores de 17 años son niñas. En tanto, la mayoría de los niños trabajadores (40%) se emplea en el sector agrícola.

En esta última industria hay tres situaciones urgentes por atender, indica Isabel Margarita Nemecio. La primera, dice en entrevista, es que al prohibirse el trabajo de menores de 15 años las empresas agrícolas les prohibieron el ingreso no sólo a los campos, sino a los albergues, donde podrían esperar a sus padres mientras ellos trabajan.

La segunda, es que hay muy pocas inspecciones. Y cuando una se llevan a cabo es sobre aviso, lo que deja tiempo para que “maquillen la zona”, donde también hay presencia de niñas. Más de 84,000 laboran en campos.

En tercer lugar, todo este panorama ha llevado a criminalizar la presencia de niños en zonas agrícolas, adjudicando la responsabilidad a los padres. Pero mientras las empresas agrícolas o el Estado no les den alternativas de cuidado para sus hijos, como albergues o guarderías, se los seguirán llevando al campo.

Isabel Margarita Nemecio recuerda que esta actividad comercial emplea a trabajadores migrantes de diferentes estados del país, 40% de ellos son indígenas. Quizá hace unos años sólo los hombres se movían a los campos, dejando a sus familias por largas temporadas.

Pero ahora, la mayoría se va con sus esposas y sus hijos. Así que también hay más mujeres que trabajan en esa industria, y con ellas, más niños presentes en los cultivos de chile, jitomate, caña, pepino, frutos rojos y, principalmente, limón.

Los elementos culturales, como el que los padres enseñen a sus hijos a sembrar han sido aprovechados por los empleadores, señala la activista. Por un solo sueldo obtienen el trabajo de toda una familia, niños incluidos, para quienes tienen actividades “acorde a ellos”, como recolectar frutos en enramadas.

Por una jornada ganan entre 120 a 250 pesos. Pero el salario depende del tipo de producto, de los ciclos agrícolas y de si es niña o niño. Las empresas que ocupan trabajo infantil son trasnacionales, que exportan productos a Estados Unidos, Canadá, Asia y Europa.

Pero también hay agricultores medianos nacionales, que distribuyen los productos agrícolas en las centrales de abasto Guadalajara, Monterrey, Ciudad de México. Así como a supermercados como Walmart, Soriana y Chedrahui, informa.

Una de las estrategias gubernamentales para erradicar el trabajo infantil en este sector, expone Nemecio, es otorgar a las empresas un distintivo que las acredite como organizaciones que no contratan a niños. Sin embargo, advierte, hay muchas maneras en las que la mano de obra de la infancia de este país sigue presente en la economía.

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