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Personas con síndrome de Down, el gran pendiente de la inclusión laboral

Por: Blanca Juárez y Gerardo Hernández 20 Mar 2020
Personas con síndrome de Down, el gran pendiente de la inclusión laboral
La gran mayoría de las personas con discapacidad cognitiva no tiene trabajo en México. Esto se debe principalmente a prejuicios, no a escasez de talento, advierte la OIT.

Sólo 1 de cada 10 personas con discapacidad cognitiva o mental tiene empleo en México, estima el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred). El resto, depende económicamente de otras personas, lo que los pone en mayor riesgo de vivir en la pobreza.

Desafortunadamente, la exclusión laboral se debe mucho más a prejuicios que a escasez de talento, como en el caso de quienes tienen síndrome de Down, apunta la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

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En el marco del Día Mundial del Síndrome de Down, Beatriz Achirica, directora general de la fundación Daunis, opina que la poca apuesta por la inclusión laboral de personas con discapacidad intelectual –como las personas con Down– por miedo y desconocimiento.

“Por las creencias que se manejan de manera global acerca del término discapacidad, el hecho de verlas en una situación de deficiencia hace pensar que son personas improductivas”, expresa.

El síndrome de Down es una condición, no una enfermedad. Se trata de una diferencia genética de 47 cromosomas, en lugar de los 46 que usualmente se forman. También se conoce como trisomía 21 debido a que ese cromosoma extra generalmente es una copia del 21.

Sin embargo, esto no es claro para todos. Por ejemplo, la Ley para la Atención Integral de las Personas con Síndrome de Down de la Ciudad de México señala a ese síndrome como un padecimiento médico, “y no una discapacidad producto de la sociedad”.

Esta definición fue impugnada por la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, organismo que presentó en el 2018 una acción de inconstitucionalidad ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) para que el marco legal sea modificado.

El largo camino por la inclusión

En Daunis, por su historia, saben que la inclusión laboral de personas con discapacidad no es una laboral sencilla.

Esta fundación nació en Guadalajara en 1992, después de que Diego Merino Govea, un joven con síndrome de Down, se deprimiera porque que sus hermanos tenían una vida normal (trabajo, pareja, fiestas, estudios) y él no.

Diego quería trabajar, pero al no encontrar oportunidades, sus padres decidieron apostar por un taller de tamales en el que no sólo emplearon a su hijo, sino a más jóvenes con Down. Así nació Daunis.

Actualmente la fundación opera en la Ciudad de México. Desde 2011 ha logrado colocar a 110 jóvenes con discapacidad intelectual en el mercado laboral y capacita cerca de 40 jóvenes por año.

Una vez que los jóvenes están listos, son vinculados a empresas para que cubran vacantes reales.

“No son vacantes especiales, es la inclusión a las vacantes que tienes porque las personas están absolutamente capacitadas para desempeñar las funciones para las que se postulan”, dice Achirica en entrevista con con El Economista.

Algunos lugares que emplean jóvenes con síndrome de Down son Café Café, en la Ciudad de México; Coffee Córdica 21, en Jalisco, y Cafetería Le Amour 21, en Nuevo León. A través de Daunis, algunos jóvenes han ingresado a trabajar a empresas como Coca Cola y Toks.

De acuerdo con la Secretaría de Salud (SSa), en el 2018 nacieron en México 689 bebés con síndrome de Down, de ellos, 351 son niñas y 338, niños -último dato oficial disponible-. A nivel mundial, la Organización para las Naciones Unidas (ONU) estima que la incidencia es de entre 1 de cada 1,000 y 1 de cada 1,100 recién nacidos.

Síndrome de Down y empleo

El reto no es sólo la inclusión laboral, sino que las personas con discapacidad intelectual tengan un trabajo digno, con seguridad social, en el que puedan desarrollar sus competencias y crecer.

Daunis ofrece distintos servicios como capacitación en habilidades administrativas y computación, talleres productivos (tamales o repostería) y disciplina laboral en la que los jóvenes aprenden a relacionarse en el trabajo o cumplir con un horario.

Pero para que la inclusión laboral sea efectiva, es necesario preparar a toda la empresa para recibir a los jóvenes. “Se requiere todo un proceso para poder sensibilizar, concientizar y después capacitar a los espacios”, comenta la directora general de Daunis.

Posteriormente, agrega Beatriz Achirica, se les da un acompañamiento con un programa de seguimiento para apoyar a las personas con discapacidad intelectual en su proceso laboral.

En la experiencia de la fundación, en algunos trabajos los empleados pueden ver a los jóvenes con discapacidad intelectual como niños, por ello no les quieren llamar la atención cuando es necesario o exigir algunas cosas.

La especialista sugiere que para incluir de manera correcta a estos jóvenes en el trabajo es importante considerar dos aspectos: estar consciente que tienen la capacidad y competencias para trabajar, y tratarlos como cualquier otro compañero.

Un ejemplo de amor por el trabajo

Desde hace casi cuatro años, Pablo Jiménez trabaja en la Notaría 226 de la Ciudad de México. Hoy, a sus 38 años, este joven con síndrome de Down se despierta todos los días a las 5:00 a. m. para llegar a tiempo y registrar su entrada puntual al trabajo a las 9:00 a. m. Lo hace feliz, porque disfruta su trabajo y las actividades que realiza.

Sus propios compañeros de trabajo lo describen como una persona empática, alegre, con facilidad para recordar el nombre de los clientes y con disposición para trabajar.

“A mí me gusta trabajar en equipo”, dice Pablo en entrevista. Las labores del joven en la notaría incluyen apoyar a los clientes, a los cuales, les gusta recibirlos con un “buenos días” y atenderlos con un refresco, un vaso de agua o una taza de café mientras esperan.

Pablo sabe lo que es ganarse el dinero trabajando, ingresos que le han permitido apoyar en los gastos de casa. Pero lo más importante, soñar con una vida independiente. “Estoy feliz, estoy muy contento, ya tengo novia y me voy a casar con ella”, cuenta con emoción.

El síndrome de Down no ha sido un impedimento para Pablo, que ha logrado superar los desafíos que plantea una sociedad con una gran pendiente en el tema de inclusión en el mundo laboral.

Pero el trabajo no lo es todo, Pablo disfruta del fútbol, donde es entrenador en las categorías inferiores de Pumas. Además, es amante del piano y la batería, instrumentos que le ayudan a despejarse de sus actividades de trabajo.

Fortalezas de los jóvenes Down

Los jóvenes con síndrome de Down no sólo mejoran el clima laboral, por sus fortalezas, pueden aportar mucho a las empresas.

Estos jóvenes se caracterizan por trabajar paso a paso, por lo que en los procesos productivos que no pueden alterarse son muy efectivos, es casi imposible que alteren el proceso. Además, son muy honestos, lo que es ideal para el sector financiero y aduanal.

En su Guía para la inclusión de personas con discapacidad en el lugar de trabajo, la OIT especifica que los empleadores podrían aprovechar habilidades que les son más fáciles a esas personas. Por ejemplo, “desarrollan muy bien tareas repetitivas”.

El documento destaca que contratar a alguien con síndrome de Down mejora la reputación corporativa en el mercado. La imagen de la empresa se beneficia también al interior de ésta, se desarrolla orgullo de pertenencia a un centro de trabajo que respeta e integra a personas con discapacidad.

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