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Médicos y enfermeras: Listos para la batalla, pero en condiciones deficitarias

Médicos y enfermeras: Listos para la batalla, pero en condiciones deficitarias
A los retos naturales del trabajo del personal médico, ahora se suma una grave escasez de material para protegerse y la discriminación de algunas personas.

Pasan de la 1 de la tarde. A esta misma hora, pero de ayer, la doctora Valeria Mendoza comenzó su turno en el Hospital General Manuel Gea González y aún no ha salido. Hasta aquí no habría nada nuevo en su jornada, excepto el coronavirus. 

Las duras condiciones de trabajo de médicas, médicos y personal de enfermería se han naturalizado desde hace mucho y es ahora cuando se hacen evidentes. Si de algo ha servido la pandemia por Covid-19 es para mostrar desigualdades: extensas jornadas, salarios que no compensan el esfuerzo, falta de equipo de protección, hostigamiento laboral y sexual y leyes que dejan fuera al eslabón más débil: las y los residentes.

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En México, más de 332,200 personas trabajan en medicina, 60% es hombre y 40%, mujer. Hay más de 265,200 ocupadas en la enfermería, 82% es mujer y 18%, varones. 

Sin embargo, según la Secretaría de Salud (SSA) hay una escasez de 450,000 profesionales en ambas áreas.  Y su salario “dista mucho de ser envidiable, especialmente tomando en cuenta los años de estudio cursados”, 18 años en promedio, según un estudio del Instituto Belisario Domínguez del Senado.

El documento, titulado Las remuneraciones del personal de la salud en México: Entre el amor al arte y los esfuerzos débilmente recompensados, indica que, en promedio, su percepción mensual es de 16,146 pesos. 

La investigación de Martha Patiño y César Giles cita el informe Compensación de Médicos 2019, el cual señala que el personal médico en México gana casi 3 veces menos de lo que ganan en España o Brasil. Y casi 14 veces menos que en Estados Unidos. 

La situación para las enfermeras es peor. Mientras la medicina, de acuerdo con el Observatorio Laboral de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, es la tercera profesión mejor pagada, la de ellas está en el lugar 39, con un ingreso mensual de casi 10,000 pesos. 

Sin armas ni capacitación

Médicos y, sobre todo, residentes y enfermeras “estaremos al frente de la atención de esta pandemia”, comenta Miguel Andrade, especialista en pediatría. El semáforo aún está en amarillo, dice, pero cuando pase al rojo “necesitaremos estar capacitados y con el equipo de protección adecuado”.

Hace una semana que el gobierno federal declaró la emergencia sanitaria. Estamos en la fase dos de la pandemia. Ya entrada esa etapa fue que la médica especialista Valeria Mendoza recibió una capacitación para atender a los pacientes de Covid-19. “Duró 15 minutos y en un auditorio hacinado”, cuenta.

Un sondeo de la Asociación Nacional de Médicos Residentes (ANMR) mostró que a 58% no le habían dado capacitación, a pesar de que en 73% de sus hospitales tenían casos sospechosos. La muestra es de 413 pasantes, especialistas graduados, enfermeras y personal de laboratorio de las 32 entidades del país.

“Las grandes potencias en salud están aún a ciegas” sobre este nuevo tipo de coronavirus, comenta Armando Herrera, de la ANMR. “Lo que se critica a las autoridades es que desde diciembre la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó protocolos y no hubo una formación para tratar los casos sospechosos” ni se previnieron con insumos. 

El 85% de los encuestados reportaron falta de mascarillas N95; 72%, de guantes y 56% de gafas de protección. Antes de esta crisis “ya nos habían limitado los recursos materiales. Por eso muchos nos mortificamos cuando supimos que la pandemia llegaría a México”, dice la profesionista. 

El pediatra Miguel Andrade trabaja en un hospital privado y también ahí padecen la escasez de esos insumos. “Es menor a la del sector público, porque hay menos pacientes, sobre todo en mi área, la pediátrica, pero el desabasto es generalizado”. 

Los residentes resilientes 

“El médico residente es el pilar de todo el sistema de salud mexicano”, sostiene Armando Herrera. “Tomamos decisiones clínicas. En la práctica, se borra la línea entre el médico con contrato y experiencia, y el que está en formación, porque el personal no es suficiente”. 

Los residentes son médicos graduados de la carrera. Estudiaron 4 o 4 años y medio en la universidad, luego cursaron un año de internado y un año más de servicio social. Ahora se preparan en una especialidad médica dentro de un hospital. 

En los próximos días “habrá más residentes, incluso de diferentes especialidades, dedicados a atender a los pacientes de Covid-19”, adelanta Armando Herrera. 

Se estima que 80% de la población mundial se infectará de coronavirus SARS-CoV-2, causante de esa enfermedad, señala el pediatra Miguen Andrade. Y aunque un porcentaje menor tendrá que ser hospitalizado, “serán demasiados para el personal existente”. 

El salario promedio de estos profesionistas es de 12,000 al mes. Con jornadas de más de 40 horas a la semana, lo que rebasa las 35 que estipula la Norma Oficial Mexicana para las residencias médicas.  

El artículo 353-B de la Ley Federal del Trabajo (LFT) define las relaciones laborales entre residentes y la unidad médica. Sin embargo, para hospitales privado o públicos “somos becarios. Por ello las jornadas extensas sin pago proporcional ni alimentación adecuada”, apunta Armando Herrera.

Si antes de esta emergencia sanitaria “la figura del residente como trabajador era endeble, eso va a resaltar los defectos que traemos arrastrando”, augura. 

El hostigamiento laboral, que es parte de una tóxica cultura de formación, “nos llevan a trastornos depresivos, a consumo de sustancias. Hay varias investigaciones sobre la psicopatología en el residente derivadas de esas condiciones laborales”. 

Una investigación del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) del 2017 señala que 82.4% de las y los residentes reportaron ser maltratados, particularmente por jefes. Los factores asociados al hostigamiento fueron el género, las habilidades mentales y la apariencia física.

“Pónganse en nuestros zapatos”

Según la última Encuesta sobre la Percepción Pública de la Ciencia y la Tecnología (ENPECYT), la enfermería es la tercera profesión más respetada por la población. La medicina es la quinta con mayor respetabilidad.

Pero la crisis del coronavirus es otra situación. En ésta, enfermeras han sido agredidas y discriminadas. “No las dejaban subir al transporte público y que cuando así era, las personas se hacían a un lado; a una compañera le pidieron bajar de la unidad por este motivo. A una compañera le arrojaron agua con cloro sus vecinos”.

El relato es de la presidenta ejecutiva de la Comisión Interinstitucional de Enfermeras del Estado de Jalisco (CIEEJ), Edith Mujica Chávez, en un oficio girado a las 13 regiones sanitarias de la entidad. 

“Temo no tener la fortaleza física y mental para soportar lo que viene. Las imágenes que muestran los medios de comunicación en países como Italia o España son terribles. Pero temo más a contagiarme por no tener el equipo básico”, se sincera Valeria Mendoza. 

Por eso pide a la población quedarse en casa, informarse en los mensajes diarios de la SSA. Y, sobre todo, “a ponerse en nuestros zapatos. Estaremos en una dura travesía atendiéndolos, es nuestra vocación y lo hacemos porque queremos, pero pongan de su parte”.

Y eso es, según Valeria, no acaparar alcohol, guantes, cubrebocas N95. “Estaría bien que se organizaran para donar el material que no han ocupado” y no lo ocuparán porque no lo necesitan. 

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