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Mariachis, trabajo al ritmo de la bohemia, talento de gran tradición

Mariachis, trabajo al ritmo de la bohemia, talento de gran tradición
¿Qué significa ser mariachi a tiempo completo y cuánto se gana tocando por enésima vez Las Mañanitas o Cielo Rojo? Aquí algunas historias de primera mano.

Apenas amanece para Antonio Bustamante Vargas, cuando a eso de las 3 de la tarde, comienza a afinar su guitarra. Anoche, como todas las noches, tocó en la Plaza Garibaldi. Mientras él daba serenata a una pareja de novios, más allá en la explanada, Mónica Pineda Blanco y su mariachi Nuevo San Pedro le cantaban las mañanitas a una joven.

Por estos días, cuando se festeja la Independencia de México, la demanda de mariachis aumenta. Muchos “se acercan a estos músicos o los contratan en septiembre, pero su trabajo no tiene fechas”, reclama Víctor Guzmán González, secretario general del Sindicato Único de Trabajadores de la Música del Distrito Federal (STUM).

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“Yo me preparo todos los días, no sólo en este mes. Diario practico con mi guitarra, mi compañera. Ella es mi voz”, dice Bustamante Vargas, mientras acaricia el instrumento por la hondura que forma la cintura de su amiga.

El mito del mariachi, fiesta y matrimonio

La mística del mariachi comienza, quizá, por esa palabra. Hay tantos mitos de su significado y su nacimiento como del origen de la humanidad. Uno de ellos asegura que, en lengua otomí, “mariachi” quiere decir “fiesta”.

Otros afirman que los franceses bautizaron a estos grupos. Al asociarlos con las celebraciones de matrimonio, mariage en la lengua de Baudelaire y Zola, la palabra devino a mariachi. Para unos cuantos está claro que como esta música surgió en Cocula, Jalisco, la palabra proviene de la lengua de los indígenas cocas.

Lo cierto es que se trata de una obra mestiza, creada por indígenas principalmente de Jalisco, e interpretada con instrumentos traídos durante la colonización de los españoles, como el violín y la guitarra.

En la actualidad los grupos de mariachis pueden incluir guitarrón mexicano, guitarra de golpe, guitarra, vihuela, violín, trompeta y arpa. En 2011 fue incluido en la Lista del Patrimonio Inmaterial de la UNESCO.

Garibaldi en tres generaciones

Miguel Contreras espera paciente la pesca de esta noche en la Plaza Garibaldi, en el centro de la Ciudad de México, el lugar en el que más músicos de este género y de otros se congregan. De pie, con las manos en las bolsas del pantalón de charro, mira a su alrededor con un dejo de autosuficiencia. Su altura le permite abarcar un gran panorama.

En los 15 años que lleva de lleno en esta profesión siempre ha trabajado en Garibaldi. Su padre, cantante, y su abuelo, quien ya falleció y tocaba el violín, llegaron a esa plaza antes que él. “Soy tercera generación de charros” dice alzando las cejas, pero más el cuello. Ellos fundaron el Mariachi Michoacán, pues en esa entidad nació su abuelo.

En México hay 732 grupos de mariachis dados de alta como un negocio formal, según el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi). No hay cifras oficiales de cuántos músicos hay dedicados a ese tipo de música, pero Jesús López, exlíder del Sindicato Único de Trabajadores de la Música del Distrito Federal (STUM) sostiene que son más de 30,000.

Podría pensarse que donde más agrupaciones hay es en Jalisco, “la cuna del mariachi”. Pero no es así, con 20 agrupaciones dentro del mercado laboral formal, esa entidad se encuentra en el doceavo lugar y muy alejado del primero, que es Puebla y que cuenta con 188 grupos.

El estado de México, con 85, y Tlaxcala, con 47, son el segundo y tercer lugar, respectivamente. La Ciudad de México está en el sexto lugar, con 45 grupos de mariachis, de acuerdo con información del Inegi.

El precio del mariachi

Mónica Pineda Blanco tiene 44 años y “un gran gusto por cantar”. Hace siete años se dedicaba por completo a las tareas de casa, “que no son pocas”. Ahí entonaba todo el tiempo, cualquier pretexto era bueno para recordar una canción y otra. Su esposo también es músico, toca la trompeta en Garibaldi.

“Un día me dijo que si quería podía hacer pruebas, me preguntó que si me aventaba a hacerlo. No lo dudé ni tantito”. El día de su debut en la plazuela, recuerda esta mujer rubia, “me dio un poco de miedo, me ponía nerviosa ver tanta gente”. Pero la timidez se desvaneció al ritmo de las canciones de Juan Gabriel.

Trabaja de domingo a viernes, de 4 de la tarde a 10 de la noche. Los sábados se va hasta pasadas las 5 de la mañana. “A veces es pesado, pero ya me acostumbré”, asegura.

El precio por canción es de 120 pesos, se reparten entre todo el grupo. “Pero si somos más de ocho elementos, cobramos 150”. Las agrupaciones tienen una constante movilidad de sus integrantes. Si bien algunos pertenecen a un mariachi, si no se les requiere, pueden unirse a otro.

Por ejemplo, Miguel Contreras lidera el Mariachi Michoacán. “A veces somos 10 o 12, los que pida el cliente”. Si quienes les piden sus servicios están dispuestos a pagar solo por una decena, los otros dos quedan libres de unirse a otra agrupación que puede ser contratada para una sola canción en Garibaldi, o por el lapso de hora en alguna casa.

La cuota para tocar a domicilio va de 2,800 pesos a 3,200 la hora. En ese caso, la variación es también por la distancia a la que ellos se tengan que trasladar, detalla Contreras. Él trabaja jueves, viernes, sábado y domingo, de 8 de la noche a 6 de la madrugada.

El resto de la semana y de sus mañanas Miguel Contreras estudia canto, pues esa es su función primordial en el grupo. Además, hace castings para comerciales. “También soy actor, estoy en la Asociación Nacional de Actores”, dice orgulloso.

Formación “a lo bruto”

Antonio Bustamante cuenta su historia sin dejar de rasgar la guitarra. Aprendió a tocarla “a lo bruto, cuando estaba chamaco. La mayoría de los que trabajamos aquí así le hicimos”, afirma.

Nació en el barrio de Tacubaya, en la Ciudad de México. “Como Javier Solís”, dice enseñando todos los dientes con una sonrisa que no puede controlar.

Mientras sus amigos escuchaban música urbana, él prefería el bolero ranchero que encumbró a Solís. Intentaba sacar con sus acordes la canción Cien años, “y ponía la cara que hacía Pedro Infante cuando la cantaba. Nomás que yo sólo tocaba”.

Su escuela fueron los cancioneros que vendían en el puesto de periódicos. “Y de oído, como que ya debes traer ese talento, yo digo. Como Tito Guízar, o como José Alfredo Jiménez, que no fueron a las academias. Así yo”.

A finales de este 2019 el STUM abrirá una carrera para estudiar música de mariachi. Víctor Guzmán González, el secretario general del sindicato que más artistas agrupa en todo el país, adelanta que están a la espera de que la Secretaría de Educación Pública (SEP) les otorgue el registro para que su plan de estudio tenga reconocimiento y validez oficial.

Una vez que lo obtengan darán paso a la primera generación. “Hemos minimizado a esta música, que en otros países la aprecian tanto. Por eso creamos la carrera”, explica Guzmán González.

Aquellos que están afiliados al STUM cuentan con los beneficios que les confiere ese gremio, como consultas en las instalaciones del sindicato, algunas medicinas. Quizá, si son miembros con varios años de antigüedad y cotización, puedan alcanzar a que les costeen alguna operación.

Quienes, como Mónica Pineda, son miembros de la Unión Nacional de Mariachis, van acumulando un ahorro que podrán cobrar cuando se retiren. Pero la mayoría no tiene esos derechos, confirma Víctor Guzmán.

Mujeres no

Lo más difícil de su oficio no son las desveladas ni los bajos salarios, considera. “Soportar a los compañeros” y a los borrachos que no quieren pagar es lo más tedioso. Al ser el líder del Mariachi Michoacán es quien negocia con los clientes, y los resultados no siempre convencen a los demás músicos.

Para Mónica Pineda, lo complicado es que “no todas las canciones fueron hechas para los tonos que alcanzamos las mujeres”. Además, señala, “hay mucho machismo. Algunos compañeros son envidiosos de su profesión, como que no les gusta que entremos nosotras. Lo ven como para puro hombre”

Miguel Contreras no trabaja con aquellos mariachis que se quejan del reparto de un pago. “Te terminan hablando mal, mejor ya no los jalo”, explica. Tampoco contrata mujeres. “No me gusta. Algunas son hijas de charro y luego hay problemas”, se justifica.

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