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Esto hará Bulgaria para combatir la crisis de mano de obra

Esto hará Bulgaria para combatir la crisis de mano de obra
Bulgaria apostará por un programa de aprendices para combatir la escasa mano de obra.

En plena crisis de mano de obra, Bulgaria ha puesto en marcha un programa de aprendices en sus fábricas, con la intención de encontrar jóvenes talentos dispuestos a trabajar.

En Gabrovo, al norte del país, tres aprendices de 17 años se inician en el arte del moldeado de piezas para armas de caza en la fábrica “Gabinvest”, subcontratada por una empresa alemana.

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Estos jóvenes son una oportunidad real para la empresa, en pleno crecimiento y desesperada por contratar personal cualificado, explica Plamen Petkov, su director técnico.

“La escasez de mano de obra frena nuestro desarrollo […] Si diez buenos candidatos se presentaran, los contraría en el momento”, asegura Petkov.

Vladislav Nikolov, uno de los tres jóvenes formados en la empresa, no lamenta la experiencia que le permite “aprender más que en la escuela”, aunque sea “difícil levantarse, llegar a la hora y trabajar todo el día”.

Pasa dos o tres días de la semana en la empresa, y el resto del tiempo en el centro de formación profesional, donde termina un ciclo de secundaria. Aunque esta fórmula esté muy extendida en otros países como Alemania y Austria, donde las prácticas por aprendizaje es uno de los pilares del sistema educativo, Bulgaria no la introdujo hasta 2015, ante la necesidad de las empresas.

Líder en declive demográfico

El primer año, el dispositivo solo incluía a dos centros y cinco empresas. Hoy, gracias a una asociación con las cámaras de comercio alemana, austriaca y suiza, tiene un alcance de 3,384 jóvenes búlgaros y más de 200 empresas.

El balance es positivo, pero dista mucho de ser una la solución milagro para el país, antaño miembro del bloque comunista, que tiene un inquietante récord mundial: es el país con la reducción más rápida de población.

Según las últimas proyecciones de Naciones Unidas, la población búlgara, actualmente de 7 millones de habitantes, frente a los 9 millones de 1989, podría pasar a 5.4 en 2050, es decir, una baja de 23% en tres décadas.

Los otros nueve países en los que la ONU anticipa un declive del número de habitantes superior o igual a 15% para 2050 también pertenecían al bloque soviético y están afectados por los mismos fenómenos que Bulgaria: natalidad a la baja, emigración masiva, mortalidad superior a la media europea.

“No faltan solo empleados, falta gente, simplemente”, a causa de la “despoblación”, señala, preocupado, Plamen Petkov.

La tasa de desempleo en Bulgaria cayó al 6.2% de la población activa en 2018, su nivel más bajo desde el fin del comunismo, en gran parte a causa de la emigración laboral, alentada por el bajo nivel de los sueldos en comparación con el resto de Europa, la pésima calidad de los servicios públicos y la corrupción.

“La escasez de mano de obra es el mayor problema de las empresas. Hemos visto a inversores extranjeros renunciar a la idea de invertir aquí a causa del déficit de mano de obra”, explica a la AFP Radosvet Radev, presidente de la asociación de la industria búlgara (BIA).

Solo en el sector industrial, la escasez se evalúa en más de 100,000 empleados. Podría ser de 500,000 personas en cinco años, según proyecciones de los expertos.

Mala imagen

Otro fenómeno agrava la situación: miles de jóvenes búlgaros, es decir, el 15.3% de los que tienen entre 15 y 24 años según Eurostat, no tienen ni empleo ni tampoco estudian ninguna formación, una tasa de cinco puntos superior a la media europea.

En cuanto a los jóvenes que estudian, los empleadores constatan muy a menudo que las competencias que adquieren no responden a sus necesidades.

“La única manera de remediar esta situación es acudir al sistema educativo y buscar a los jóvenes en las aulas“, observa Tomcho Tomov, experto en la asociación de la industria búlgara (BIA).

Para ello, hay que mejorar la imagen del aprendizaje, que para muchos padres sigue asociada a malos recuerdos del régimen comunista que solía orientar a los jóvenes, en contra de su voluntad, hacia oficios manuales.

En cualquier caso, la cuestión de la remuneración sigue siendo crucial. Con un salario mínimo de 510 leva (260 euros) y un salario medio de unos 1,100 leva (562 euros), resulta tentador para los aprendices sacar partido de su formación fuera de Bulgaria.

“El oficio de cocinero está muy buscado, no solo en Bulgaria, sino también en el extranjero”, confía Stefani Todorova, de 17 años, aprendiz en un restaurante de Sofía.

AFP

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