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Enfermeras, en frente abierto contra el coronavirus… y la cruel discriminación

Enfermeras, en frente abierto contra el coronavirus… y la cruel discriminación
En México hay más de 265,000 profesionales, pero se requiere el doble de eso. La mayoría son mujeres, con bajos salarios y que están soportando agresiones en esta pandemia

Hará pocas semanas que la vecina de Karina Montiel adquirió un nuevo hábito. Desde que los casos de coronavirus aumentaron en México, “todas las tardes lava con agua y cloro la entrada a su casa y la mía. Entiendo el mensaje”, cuenta la enfermera.

Hace unos días una compañera suya fue agredida. “Estaba en un Oxxo, vestida con el uniforme, y un par de niños le gritaron que se fuera porque tenía ‘el bicho’”. En su desesperación por creerse en peligro, uno de ellos la rasguñó. “Iban con su mamá, pero no hizo nada por evitarlo”.

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Es triste, es indignante, dice y se detiene. Ya no sabe cómo más nombrarlo. Las historias siguen, otras colegas suyas han recibido cartas vecinales en las que les prohíben usar áreas comunes, como el elevador, “porque son personal de salud”.

Su voz suena cansada, por la situación o porque acaba de salir de un turno de 11 horas. O por ambas. “Estamos compitiendo contra una pandemia y contra la ignorancia de la gente: la que no cree que esto es real y la que quiere creer lo que mejor le parece”, señala molesta.

Antes de la llegada del Covid-19, las enfermeras, más de 265,000 según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), “éramos como invisibles. Ahora nos ven, pero no siempre para bien. Hay gente que nos discrimina por nuestro trabajo, piensa que portamos el virus y la vamos a contagiar”.

Hasta el pasado 6 de abril, el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) había recibido 32 quejas relacionadas con esta pandemia. Personal de enfermería y otros trabajadores de unidades médicas han presentado 6 de esas acusaciones.

“Las agresiones sólo se paran con información y con conciencia ciudadana”, señala Mónica Maccise Duayhe, presidenta del Conapred. En lugar de agresiones, la población debería brindarles un reconocimiento a su trabajo, el que “eventualmente, nos van a salvar la vida o a nuestros seres queridos”.

Debido a que son muy pocos los casos denunciados ante esta instancia, lo que le queda al Conapred es hacer llamados, dice en entrevista. El pasado 1 de abril pidió “enérgicamente a la población a evitar amenazas o actos de violencia contra el personal de salud o las instalaciones hospitalarias que el país necesita para superar con éxito la situación actual”.

Falta personal… y mejores sueldos

Karina Montiel (su nombre ha sido cambiado para proteger su identidad) es enfermera desde hace más de 20 años. Como dicen últimamente por muchos lados: “Trabaja en el primer frente de batalla”, en uno de los institutos federales de salud, convertido en centro para pacientes con Covid-19.

En enero, la Organización Mundial de la Salud (OMS) designó este 2020 como el Año Internacional de la Enfermería y la Partería para hacer conciencia sobre la escasez de ese personal y las condiciones precarias en las laboran.

Según la Secretaría de Salud (SSA), México tiene un déficit de 250,000 enfermeras. La cifra ahora debe ser distinta, pues sólo entre el 60 y 70% del personal está trabajando, informa Karina Montiel. Las embarazadas o con enfermedades crónicas tienen permiso con goce de sueldo hasta el 30 de abril.

Con coronavirus o sin él, opina, “nunca habrá enfermeras suficientes”. Cada una tiene a su cargo cinco pacientes de Covid-19, y las del turno de la noche, hasta siete. Además “hay que atender a las personas con insuficiencia renal, diabetes descontrolada y otras enfermedades”.

Este 7 de abril, Día Mundial de la Salud, la OMS hizo un llamado “urgente” a los Estados miembro a invertir en este personal, además de contratar más, pagarles sueldos justos y otorgarles seguridad social.

De acuerdo con el Instituto Belisario Domínguez del Senado, el sueldo promedio de las enfermeras es de 9,909 pesos al mes. “Esto es menos de la mitad de lo que ganan en Chile o Italia”.

Esa remuneración difícilmente paga las largas jornadas, “el trabajar en la mañana y al mes siguiente en la tarde o la noche”, dice. Para enfrentar esta pandemia el gobierno federal contratará a más de 12,300 enfermeras. “Pero será sólo por tres meses, no sé si valga el riesgo que van a correr”, opina.

La dificultad para encontrar a enfermeras especializadas es porque para ellas es más difícil seguir preparándose. A diferencia del personal de medicina, que es becado para ser residente y cursar una especialidad, “nosotras lo pagamos por nuestra cuenta”.

Es cierto que hay exámenes con un alto nivel de dificultad para recibir las becas de residencia, pero “para nosotras no hay ni eso. Sólo si trabajas en el IMSS o en el ISSTE tienes un permiso con goce de sueldo para estudiar”.

De otra manera tiene que trabajar y cursar la especialidad. “Si a eso le sumas que muchas son mamás y madres soltera, hay una triple jornada: laborar, estudiar y hacerte cargo de tu familia”.

Mientras la medicina es la tercera profesión mejor pagada en México, la enfermería está en el lugar 39, de acuerdo con el Instituto Belisario Domínguez.

“Compañeras, no desistan”

La enfermería es una profesión. No es un oficio ni una actividad de instinto maternal, dice enfática. El 82% de quienes se dedican a este trabajo es mujer, de acuerdo con el Instituto Belisario Domínguez. En promedio, acumulan 14 años de estudio.

Históricamente, se ha asociado a la enfermería “con el apapacho, la candidez hacia las personas”, y más que un servicio, con la servidumbre. Lamenta que desde el gobierno federal se mencione a las mujeres como las cuidadoras.

En la práctica, “a los enfermeros no se les pide ese rol maternal. A ellos sí los ven como profesionistas”. Bajo esos estereotipos, se espera que, al ser mujeres y enfermeras, no sólo brinden cuidados sanitarios, sino emocionales.

“Tenemos que ser las fuertes y contener a los demás. Hay compañeros hombres que han preferido irse sin goce de sueldo hasta que pase lo peor de la pandemia. Somos nosotras quienes seguimos resistiendo, resistiendo, resistiendo”, expresa.

A pesar de los bajos salarios, de los ataques que están sufriendo, de las dobles y triples jornadas que libran, les pide a sus compañeras: “No desistan. Esto va a pasar. Nuestras manos van a servir contra esta enfermedad. Nuestro profesionalismo nos va a sacar adelante”.

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