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En el desempleo, más de 60% de la población con trastorno bipolar en México

En el desempleo, más de 60% de la población con trastorno bipolar en México
El confinamiento por la covid-19 ha permitido la conversación pública sobre los trastornos mentales, pero siguen siendo un gran estigma, como el trastorno bipolar que afecta a 3 millones de personas en el país.

La cara que puso el médico de la empresa le dejó claro a Maureen Terán que tendría que renunciar o sería despedida. “Ya no me voy a callar, vivo con trastorno bipolar y necesito home office”, pensó al acercarse a él luego de una recaída en los síntomas. Qué podría salir mal, en tres años en esa compañía había entregado los mejores resultados como directora de mercadotécnica y directora general de área. Tres semanas después de esa reunión renunció.

La tasa de desempleo de las personas con trastorno bipolar en México es de 60 por ciento. Pero si su condición es del tipo mixta, con manía y depresión al mismo tiempo, puede llegar al 80%, según el psiquiatra Manuel Sánchez de Carmona, expresidente de la Sociedad Internacional de Trastornos Bipolares (ISBD).

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El confinamiento obligado por la covid-19 ha permitido una conversación pública sobre los trastornos mentales, pero siguen siendo un gran estigma, lamenta Maureen Terán. El Día Mundial del Trastorno Bipolar, este 30 de marzo, es otra oportunidad, añade. La fundadora de la asociación Es tiempo de hablar no siempre quiso hacerlo.

En dos de las empresas en las que trabajó no mencionó su condición y no tendría por qué. La cuestión es que no lo hizo, como miles más, por el temor a no ser contratada. Un día, tras una recaída en la que tuvo que tomar “los medicamentos de emergencia” decidió hablar.

Esos fármacos le provocan demasiado sueño y había llegado tarde varios días, así que pidió trabajar desde casa algunos días, como lo hacían otras personas en la empresa y explicó por qué. A partir de ahí su capacidad fue desacreditada, a pesar de que el cumplimiento de las metas decía lo contrario.

A nivel mundial, el 3% de la población está dentro de uno de los rangos del espectro bipolar, “con variantes suaves y fuertes”, apunta Manuel Sánchez. “Se estima que en México hay más de 3 millones de personas”. Esa cantidad equivale, más o menos, a la población que vive en Hidalgo, Sinaloa o Sonora. Alrededor de 2 millones de ellas estarían desempleadas, como si lo estuvieran todas y todos los habitantes de Durango, Morelos o Quintana Roo.

Condición neurobioquímica

En la psiquiatría esta neurodivergencia está definida como una enfermedad, indica el especialista. “Su raíz es neurobioquímica, se encuentra en una alteración de neurotransmisores del sistema límbico”, explica. Es común que sea hereditaria, “en una familia donde hay una persona con un algún tipo de padecimiento bipolar es muy probable que haya alguien más”.

Los síntomas claves son un incremento o una baja en la energía. “Hablamos de energía porque bipolaridad no se traduce en feliz o triste o tener dos personalidades”.

El episodio que se pasa por un aumento de esa energía se conoce como manía. “Es querer trabajar 20 horas al día, dormir un par de horas y levantarse pilas, trabajado de más, haciendo más ejercicio, todo al extremo”. Es la personalidad, pero potenciada al máximo, apunta.

El otro extremo está la fase depresiva. “No tienen ganas de hacer nada, no tienen energía para trabajar, no encuentran placer, no se pueden concentrar y su vitalidad en general está al mínimo”. No es curable, pero es tratable, dice. Con medicamentos pueden llevar una vida estable, sin ellos “no llegan ni a la esquina”. Además, debe ir acompañada de psicoterapia.

El tipo más común de este espectro es el tipo 1, en el que el episodio maniaco dura al menos una semana. La depresión puede presentarse, pero de manera separada. Maureen Terán fue diagnosticada con este tipo cuando tenía 27 años y estudiaba una maestría en Innovación y Emprendimiento en Inglaterra.

“No la terminé. Intenté hacerlo, pero la verdad no pude porque cuando recaí fue una de las más fuertes recaídas que he tenido y ya no regresé”. Maureen, ahora de 40 años, recuerda que los primeros síntomas fue perder la noción de la realidad y sentir que tenía demasiada energía, hasta que tuvo un cuadro de psicosis agudo.

Estuvo internada por tres meses en ese país, donde recibió el diagnóstico que, al principio, no aceptó. Pasaron seis años, ya había vuelto a México y seguía rechazando su condición, era difícil hablarlo con su familia y amigos. De un lado le aconsejaban dejar el medicamento; del otro, dejar de decir que tenía bipolaridad para no enfermar de verdad de eso, como si fuera un hechizo que se conjura al no pronunciar la palabra.

“Somos funcionales”

Sin tratamiento, la bipolaridad “genera discapacidad”, dice Manuel Sánchez. El episodio depresivo les impide buscar trabajo o, si lo tienen, ser funcionales. “Cuando están en la manía, puede tener fallas de juicio, no cuidar un presupuesto, tomar una decisión muy equivocada”.

Sin el diagnóstico y la atención adecuada, la bipolaridad puede “generar un desplazamiento hacia la indigencia. Es un círculo negativo, el padecimiento les impide tener un trabajo, por lo tanto, no tienen dinero y no se puedan tratar. Es un deterioro muy fuerte”.

La atención psicológica privada cuesta alrededor de 6,000 pesos mensuales por cuatro sesiones y los medicamentos, hasta 4,000 pesos al mes, señala Maureen Terán.

“Muchas personas tienen terror a que sus jefes o compañeros sepan que tienen bipolaridad y las tilden de locas, enfermas y pierdan su trabajo o no les den una posición que requiera mucha visibilidad”, indica el psiquiatra.

“No es que tengas que ir todo el tiempo con un título de que tienes una enfermedad mental”, pero es necesario hablar más de esto para deshacer esos estigmas, opina la activista.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica, un cuarto de la población en el país tiene algún padecimiento mental. Así que, si el área de Recursos Humanos de las empresas voltea a ver al personal, se dará cuenta que uno de cada cuatro tiene depresión o ansiedad, o trastorno por déficit de atención e hiperactividad o alguna otra condición, enfatiza Maureen. “Las empresas tienen que dejar de discriminarnos”.

“Somos funcionales”, subraya. Pero por ello es necesario que el sistema de salud en México invierta en la detección y el tratamiento, porque sin ello seguirán teniendo altas tasas de desempleo, agrega. Es urgente que los servicios de salud psiquiátrica estén al alcance de todas las personas, no sólo de aquellas que laboran y que, además, lo hacen en el sector formal, indica.

Hace ya casi 20 años que fue diagnosticada, varios de los que tuvo que dejar ese empleo porque su capacidad fue puesta en duda por una recaída. Ha trabajado para diferentes empresas y ahora, desde su fundación, se dedica también a dar charlas para que las personas con cualquier condición mental “salgan del clóset”.

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