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El voluntariado necesita una política de recursos humanos profesional

El voluntariado necesita una política de recursos humanos profesional

La gestión del capital humano voluntario no debería ser muy diferente de la gestión de una fuerza de trabajo asalariada. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en 2015, más de 2 millones de mexicanos realizaron trabajo voluntario.


Además de un bien social, los trabajadores voluntarios aportan valor económico. En 2016, el valor de sus actividades en México ascendió a más de 117 mil millones de pesos, de acuerdo con estimaciones del Inegi.

Esta cifra aún es más relevante teniendo en cuenta que casi la mitad de ellos (49 por ciento) dedica menos de tres horas  al día a ese tipo de actividades no lucrativas, según la más reciente encuesta nacional Filantropía y Sociedad Civil, elaborada por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). 

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Son un capital humano que las organizaciones no deberían desestimar, como señala el Centro Virtual de Aprendizaje (CVA) del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores (Tec) de Monterrey. Organismo que recomienda a quienes trabajan con ese tipo de personal crear una política de reclutamiento y capacitación.

Radiografía de los voluntarios

En el año 2015, más de 2 millones de voluntarios realizaron actividades sin recibir un salario. Esa cifra es 54 por ciento mayor a la de 2008, cuando se tenía a poco más de 1 millón 300 mil, indica el Inegi.

El número de personas que se dedicaba a tareas de ayuda sin cobrar por ello sobrepasaba a la población del estado de Morelos, que tenía 1 millón 920 mil 350 habitantes. 

Durante este periodo aportaron 113 mil 157 millones de pesos, mientras que la fabricación de productos farmacéuticos tuvo un valor económico de 46 millones 848 mil. En promedio, cada voluntario contribuyó con 55 mil 526 pesos por su trabajo

Según datos de la Cuenta Satélite de las Instituciones sin Fines de Lucro (Isfl) del Inegi, elaborada en 2016,  la mayor parte de las organizaciones no lucrativas se dedican la enseñanza e investigación (47.5 por ciento). 

En segundo lugar están las organizaciones religiosas, que representan un 16 por ciento del total. Las que trabajan por el desarrollo y la vivienda se ubican en el tercer sitio con 11.6 por ciento. En el trabajo remunerado o voluntario, estas organizaciones tienen más empleados varones. Sin embargo, el porcentaje de hombres disminuye ligeramente cuando no perciben salario y el de mujeres aumenta. 

El personal masculino remunerado es de 53.5 por ciento y sin fines de lucro es de 50.6. El porcentaje de mujeres que trabajan recibiendo una paga en esos organismos es de 46.5, mientras que las voluntarias ascienden a 49 por ciento.

Círculo vicioso 

Pese al valor que aporta esta fuerza de trabajo, “destacan las limitaciones de captación y organización del trabajo voluntario de organizaciones de la sociedad civil, de organizaciones de base, o comunitarias”, de acuerdo con el Centro Virtual de Aprendizaje (CAV) del Tecnológico de Monterrey. 

La falta de capacidad para aprovechar a ese talento “genera un círculo vicioso” porque además de obstaculizar que el ingreso de nuevos voluntarios, también estropean la “permanencia e impacto” de quienes ya están dentro de la organización, apunta un documento dirigido a la formación de líderes sociales.

Al desarrollar voluntarios comprometidos con una causa “no sólo estamos produciendo capital humano, sino también capital social positivo”, subraya el Tec de Monterrey. Con ello se genera un valor adicional a la sociedad, agrega. 

Reclutamiento de voluntarios

El documento apunta que como parte de la administración del personal es necesario que la organización describa muy bien el puesto para el que requiere un voluntario, como lo haría al reclutar a trabajadores remunerados. Es decir, definir puntualmente las funciones, a quiénes le reportará y con quiénes tendrá relación y las competencias necesarias para el puesto. 

Otro punto importante es que las empresas elijan las formas más efectivas para acercarse a los posibles candidatos como anuncios, correos electrónicos a grupos y comunidades y ferias de reclutamiento. 

Según la encuesta Filantropía y Sociedad Civil, elaborada por el ITAM en 2013, 27 por ciento de quienes estaban en el voluntariado se enteraron de ese trabajo por algún miembro de la organización. El 24 por ciento porque tenía un familiar o conocido dentro de ella y solo 1 por ciento por redes sociales. 

El CAV del Tec de Monterrey considera imprescindible que las organizaciones diseñen una estrategia de voluntariado bien definida. Ese plan debe incluir el reclutamiento, gastos, salud y seguridad y la relación con el personal remunerado. Para el primer punto sugiere analizar y diseñar los puestos de trabajo en los que habrá participación voluntaria. Una vez bien definidos los puestos, resultará más fácil hacer una selección de personal adecuada.

El presupuesto dedicado al voluntariado debe incluir el pago al personal de reclutamiento e inducción, los gastos administrativos derivados del reclutamiento y la selección, capacitación y entrenamiento, supervisión, materiales de apoyo al trabajo y el equipo y uso de instalaciones. 

Por último, indica que deben “sensibilizar e informar al personal remunerado” sobre las funciones del voluntario, porque muchas veces los primeros consideran a los segundos como “de menor importancia y nivel, cuya contratación obedece a la escasez de recursos”. Para evitar malentendidos entre los asalariados y el voluntariado, los directivos deben establecer perfectamente lugares de trabajo, funciones y horarios. 

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