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El home office y las mamás: encargadas de la oficina, escuela y hasta consultorio

Antes de la pandemia sólo 12.2% de las mujeres y 22.5% de los hombres tenían la posibilidad de laborar desde casa, aunque ellos realizan sólo una cuarta parte de los trabajos del hogar y de cuidados que ellas llevan a cabo.

En la pandemia de covid-19 han sido las madres trabajadoras quienes asumieron, desde el inicio, la transformación de los hogares en centros laborales y de estudio. Lo han hecho a costa de su desempeño profesional y su vida personal “con una agudización inédita de riesgos en su salud física y mental”, señala el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

La idea de que lo laboral y lo personal son dos esferas independientes “es un mito”, indica el organismo en el estudio Madres trabajadoras y covid-19: Efectos de la pandemia en circunstancias de teletrabajo en México. En la investigación, las autoras abordan el trabajo del hogar y de cuidados, la violencia de la que muchas son objeto en sus casas y los efectos en su salud mental que esto ha producido.

Para poner en contexto, hay que recordar que en abril de 2020, el primer mes de confinamiento, más de 12 millones de personas se quedaron sin empleo, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Fueron 7 millones de hombres y 5 millones de mujeres. Pero, previo a la pandemia, había mucho menos mujeres con ingreso laboral (43%) que hombres (74%).

Entre quienes conservaron su empleo, muchas pudieron hacerlo desde casa. Antes de la pandemia sólo 12.2% de las trabajadoras tenía esa opción. En cambio, 22.5% de los hombres contaba con esa posibilidad, a pesar de que ellos realizan, en promedio, 17 horas de trabajo del hogar y de cuidados a la semana; ellas, 59 horas.

De acuerdo con el informe, con la llegada de la covid-19, 12% de las empresas implementó el trabajo a distancia como esquema permanente. Esto permitió que más mujeres pudieran laborar de esa manera. Pero no se tradujo en más oportunidades de desarrollo profesional o de llevarla mejor entre el trabajo no remunerado y por el que sí les pagan.

Tristeza, agotamiento, insomnio…

Lo que ha ocurrido en el mundo desde 2020 a raíz de la pandemia de covid-19 es que en los hogares se intensificó la necesidad de limpieza y de preparación de alimentos. Para lo cual las personas deben invertir más tiempo. La educación a distancia requirió que las madres y padres se involucraran más en el proceso de aprendizaje, que también implica tiempo. Algunas personas tuvieron que aprender a usar las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC). Sí, más tiempo.

Para cuando llegó la pandemia, gran parte de los centros de trabajo no contaba con lineamientos sobre teletrabajo, de acuerdo con el estudio. Tampoco con políticas de flexibilización laboral. Ambas insuficiencias impactaron “negativamente a mujeres trabajadoras, quienes ven empalmada su jornada laboral con las labores de cuidado y del hogar”.

Muchas empresas, pese a la crisis al cierre de escuelas y guarderías, exigieron al personal cumplir con las metas y el rendimiento acordados a principios de año, “cuando la situación era muy diferente”. El resultado fue que las trabajadoras tuvieron que elegir entre “quedarse cortas” frente a esos objetivos “poco realistas u obligarse a sí mismas a mantener un ritmo poco sostenible”.

Soportar esas cargas de trabajo y, encima, la violencia en el lugar que se supone que debería ser el más seguro. Un sondeo de Estudios y Estrategias para el Desarrollo y la Equidad (Epadeq) indica que en 2020 el 20% de las madres vivió agresiones verbales, físicas o sexuales, en contraste con el 16.6% de las mujeres sin hijos o hijas.

“La probabilidad de que una mujer desarrolle depresión en su vida es el doble respecto a los hombres”, apunta el PNUD. Sentimientos como tristeza y miedo y síntomas como falta de apetito, agotamiento, malestar en general e insomnio fueron hasta 28% más mencionados por mujeres que por hombres en un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) acerca del teletrabajo.

Políticas en conjunto

Annabelle Sulmont, Sol Sánchez, Mónica Edén, Yuriria Trejo y Alejandra Padilla, autoras del estudio, proponen una serie de acciones que, de aplicarse en conjunto, ayudarían a mejorar las condiciones para acceso de las mujeres al mercado laboral. Involucran tanto al sector público como a la iniciativa privada.

» Recomendaciones para las autoridades

  • Incluir el trabajo de cuidados como trabajo esencial.
  • Armonizar el fin del home office con la reapertura de escuelas y guarderías.
  • La Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) debe supervisar el cumplimiento de las empresas en materia de teletrabajo. “De otra forma, se convierten en letra muerta”.
  • Seguridad social para quienes realizan labores de cuidado remuneradas y no remuneradas.
  • Transferencias monetarias a las personas que trabajan en oficios de cuidado y que hayan reducido o interrumpido su actividad.
  • Compensación monetaria a las personas que interrumpieron su trabajo remunerado para cuidar a otras personas.
  • Impulsar la creación de guarderías, cuidados a domicilio y establecimientos para personas mayores de calidad con cobertura universal.
  • Campañas de comunicación masivas para deconstruir roles y estereotipos desde la educación.
  • Consultar a las organizaciones de la sociedad civil y mujeres cuidadoras en general para desarrollar estrategias y políticas que cambien esta situación.
  • Establecer por ley licencias de maternidad y paternidad con la misma duración.

» Recomendaciones para las empresas

  • Apoyar, en especie o con dinero, en la provisión de servicios de cuidado.
  • Las licencias que se otorguen por motivo de cuidados deben revertir estereotipos de género.
  • Incentivar esquemas híbridos de teletrabajo y presencial.
  • Medir la productividad con base en rendimiento y orientación a resultados. No otorgar mayor valor a quienes pasan más tiempo en los centros de trabajo.
  • En crisis como la de esta pandemia de covid-19, reducir la jornada laboral. Determinar nuevos horarios y respetarlos.

“El teletrabajo no puede resultar en un incremento de las cargas laborales”. Es importante, dicen las autoras, que las empresas hagan de la flexibilidad laboral “la norma”. En ese sentido, serán de mucha ayuda, para ambas partes, arreglos que faciliten la conciliación de lo laboral, lo familiar y lo personal, pues la conexión entre estas tres esferas no debe seguir asociadas “a un bajo rendimiento”.

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