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Ausencia de muertos en avionazo de Durango demuestra importancia de buena capacitación de la tripulación

Ausencia de muertos en avionazo de Durango demuestra importancia de buena capacitación de la tripulación

Creer que la función de las sobrecargos es ofrecer una bebida es desatinado. El avionazo de Durango lo comprueba: tras el desplome del vuelo 2341 de Aeroméxico, la sangre fría y el temple de las dos sobrecargos fueron fundamentales en el desalojo de los pasajeros. Su actuación ha sido reconocida por su empresa y por muchos en redes sociales. Pero, ¿cómo es su capacitación? 


“¡Agáchense y agárrense de los tobillos! ¡Bend over, hold your ankles!”. El avión acababa de despegar y comenzó a zigzaguear. Algo, quizá algún ave, chocó con los motores y los averió. La aeronave comenzó a caer. 

Las dos sobrecargos aún están en posición de despegue, aseguradas en sus asientos. Llenas de adrenalina, intentan guardar la calma. Desde sus lugares ordenan a los pasajeros ficticios: “¡Agáchense y agárrense de los tobillos! ¡Bend over, hold your ankles!”.

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Pamela González y Lesley Rangel se toman muy en serio las prácticas y las situaciones imaginarias que arma la instructora, Yesenia Nava. Ambas están particapando en un capacitación para sobrecargos de aviación. La formación “está enfocada en la seguridad de los pasajeros y la tripulación”, cuentan en entrevista con Factor Capital Humano,

Asisten a la Universidad Aeronáutica en Querétaro (Unaq). Esa institución, que depende del gobierno estatal, próximamente impartirá un nuevo curso para sobrecargos, esta vez en alianza con el Centro Internacional de Instrucción de Aeropuertos y Servicios Auxiliares (CIIASA). 

Los superpoderes de las sobrecargos

“Muy pocos saben que la sobrecargo está ahí, principalmente, por la seguridad”, dice Pamela González. Subida en sus tacones puede abrir y cerrar las puertas del avión que pesan más de 20 kilos. Podría darle los primeros auxilios a un pasajero. Sabría qué hacer en un amerizaje. Por su puesto, también tiene la habilidad de lidiar con viajeros fastidiosos. 

La función primordial de las sobrecargos es auxiliar al comandante o piloto en la seguridad de los pasajeros en cabina, refiere puntualmente Yesenia Nava. Con casi 20 años de experiencia en el oficio, recita casi de memoria el artículo 85 del Reglamento de la Ley de Aviación Civil

Su labor va más allá de servir una bebida o estar al pendiente de la comodidad de los viajeros, señala Jorge Gutiérrez de Velasco Rodríguez, Rector de la Unaq. La tripulación debe estar al pendiente de la seguridad antes, durante y después del vuelo “en cualquier condición o contingencia”.

Un sector con creciente demanda

La atención a los pasajeros también es parte de sus tareas, pero no la más notable, apunta Yesenia Nava. “Nosotras podemos suspender el servicio por turbulencia”, porque primero está la protección de la vida de todos quienes están a bordo, aclara. 

Su presencia en los vuelos es vital para la operación de las aerolíneas comerciales. Al comenzar su carrera ganan entre 8.000 y 12,000 pesos mensuales, según información de la Unaq. La mayoría de las compañías paga la capacitación y los viáticos de sus sobrecargos.

La demanda de vuelos comerciales está creciendo. Según las previsiones de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA, por sus siglas en inglés) en 2036 el número de pasajeros será de 7.8 mil millones, el doble de la cifra de 2017. 

Información de ese mismo organismo señala que en junio pasado el tráfico de pasajeros aumentó 7.8 por ciento en comparación con el mismo mes de 2017. Mientras que la capacidad para transportarlos incrementó casi 6 por ciento.

Por cada 50 asientos debe haber una sobrecargo, indica Yesenia Nava citando la ley de aviación nacional. Por ese motivo “los esfuerzos por formar capital humano” para la atención de esa masa “se hacen desde el ámbito público y privado”, afirma De Velasco.

ASA empieza a dar capacitaciones

La Unaq inició hace 10 años con carreras técnicas en mantenimiento de aviones. Luego incluyó en su oferta educativa ingenierías en manufacturas, en diseño aeronáutico y en control de sistemas de aeronaves. También tiene una maestría en ingeniería aeroespacial. 

Apenas jace año y medio comenzó a dar cursos de sobrecargos. Van tres generaciones y para la cuarta se alió con Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA), el organismo descentralizado del gobierno federal que administra más de 20 aeropuertos en el país y que acaba de perder su monopolio en el suministro de turbosina en todo los aeropuertos. 

Es la primera vez que el Centro Internacional de Instrucción de ASA (CIIASA) formará sobrecargos, confirma Ricardo Baños, gerente de CIIASA. Sus especialistas impartirán la parte teórica del curso, que inicia el próximo 10 de septiembre. 

En la Unaq, Yesenia Nava y otras instructoras completarán el conocimiento práctico. Las prácticas se realizan en un avión Boeing 737, donde se simulan las condiciones que podrían vivir en el aire. 

Los requisitos para inscribirse son ser mayor de edad y de nacionalidad mexicana, contar con certificado de bachillerato y aprobar los exámenes físicos y psicométricos. El costo total es de 36,465 pesos. Este precio incluye la inscripción y el curso de tres meses. Se puede pagar en cuatro mensualidades, agrega Ricardo Baños.     

El avionazo en Durango 

Las materias que cursarán están avaladas por la Dirección General de Aeronáutica Civil y “la seguridad es lo principal que se quiere reforzar”, de acuerdo con el gerente de CIAASA. “Nuestro objetivo es profesionalizar al personal de aviación civil”. 

Esa parte es lo más importante, coincide el rector de la Unaq, al recordar el papel que tuvieron las sobrecargos Samantha Hernández Huerta y Brenda Zavala Gómez en el accidente aéreo del pasado 31 de julio, cuando un avión de Aeroméxico se desplomó poco después de despegar del aeropuerto de Durango.

Ellas tuvieron un gran desempeño en la evacuación de la aeronave, considera. Mostraron “compromiso y el liderazgo”, que se logra conociendo los protocolos y ensayándolos. Gracias a eso, y otros factores, no hubo víctimas fatales entre las 103 personas que iban a bordo del vuelo 2341.

Pamela González se siente orgullosa por sus compañeras. “Es un orgullo ajeno, por ellas. Porque realizaron los procedimientos de la manera que debían hacerse. Como sobrecargo esperas no pasar por una situación así, pero debes estar preparada siempre para vivirla”.

Tobogán desplegado para un ejercicio práctico para sobrecargos  – Foto Blanca Juárez 

La diseñadora se va a volar

La propia Pamela se ha sorprendido un poco al descubrir la preparación para ser sobrecargo. El mundo de la aviación siempre le había parecido fascinante. 

Los aviones, los aeropuertos, la prisa de la gente por tomar un vuelo de trabajo, la alegría de quienes viajan para conocer otros mundos y el anhelo humano de volar. Ahora sabe que la seguridad es lo primordial.

Tiene 35 años, un esposo y una pequeña de un año y nueve meses. Tenía también una vida a la que quizá ya no volverá. Desde hace una década trabajaba en un negocio de diseño gráfico que montó con su marido. 

En Querétaro, de donde es originaria, no había escuelas para sobrecargos. Cuando se enteró que en la Unaq abrieron cursos no dudó en entrar. “Lo necesitaba, me cansé de estar sentada detrás de una computadora. Era hora de cambiar el rumbo de mi vida y cumplir mi sueño”. 

Ahora hay otra cosa que comienza a cansarle: que le pregunten qué va a pasar con su hija cuando ella tenga que viajar. “Porque, o sea, también tiene papá. Él también la puede cuidar, y lo hace. Está dispuesto a mudarse por mi nueva ocupación”. 

¿Quiénes pueden ser sobrecargo?

En México prevalece el machismo, subraya Pamela González. Quizá por eso sigue la idea de que las sobrecargos deben ser mujeres. Y porque las sobrecargos son mujeres deben servir a otros. O que los hombres no puede ser sobrecargos, cavila. “Pero eso va cambiando”.

En las tres generaciones que ha formado la Universidad Aeronáutica de Querétaro han egresado 68 personas que se dedicarán a ese oficio. De ese número, 13 eran hombres y 55 mujeres, informa el rector. 

El perfil que se requiere no toma en cuenta el género, subraya Jorge Gutiérrez de Velasco. En cambio, sí debe ser alguien con mucha pasión por este trabajo, porque “no solo es cuestión viajar”. Hay que tener disposición a una vida laboral “de trotamundos”. 

También hay que tener una estatura mínima de 1.55 para las mujeres y 1.65 los hombres, así como un peso adecuado a esa medida, según Yesenia Nava. Es crucial, asegura, porque deben alcanzar los compartimentos, y en los asientos de seguridad sus pies deben estar bien plantados en el piso. 

Deben tener una constitución delgada porque “los pasillos son angostos y no podemos andar empujando a los pasajeros”, complementa Pamela González. “Más que por imagen, es por salud, que nuestra condición física esté óptima”.  

Hablar inglés es de cajón. “Aunque vayas en vuelos nacionales, por ejemplo, a Cancún seguro irán turistas con quienes solo podremos entendernos en ese idioma”.  

Guardar la calma

Parece que las sobrecargos solo muestran las salidas de emergencia con sus manos cuidadas y gráciles. Pero detrás de eso hay una formación que les permite guardar la calma ante la crisis y resolver un sinfín de problemas que puedan poner en riesgo el vuelo.

Necesitan fuerza para mover puertas pesadísimas, agilidad para armar un tobogán por si hay que desalojar el avión rápidamente, mantener la calma y calmar a quienes estén alterados, cuenta Yesenia Nava. Además, en el día a día, deben saber tratar con viajeros que pasan por diferentes emociones, como tristeza, prisa, miedo, alegría, molestia.  

La próxima vez que las veas haciendo la demostración de cómo colocarse la mascarilla de oxígeno, dice Nava, “…ponles atención. No es una cortesía el que digan sus nombres y el del capitán. Son las personas que los llevarán a tierra sanos y salvos”.

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