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Artistas mexicanos, entre la capacitación intensa y la precariedad laboral

Artistas mexicanos, entre la capacitación intensa y la precariedad laboral
De acuerdo con los cálculos del economista Ernesto Piedras, los trabajadores del arte son el doble de productivos que el promedio nacional, pero esa riqueza no la ven de vuelta.

Debajo de un letrero oxidado que anuncia: “Textiles Marco” se asoma la pintora Cecilia Barreto. Pisos arriba está su estudio, en un viejo edificio del centro de la Ciudad de México. Tiene un balcón que da a la Plaza de la Belleza, donde una multitud aprovecha la oferta de uñas postizas. “Qué bonito es ir a una exposición, a una obra de teatro. Pero pocos ven que eso lo sustentamos artistas que siempre contamos moneda por moneda”, dice la creadora.

“No somos seres etéreos que no pagan cuentas. Somos artistas precarizados”, sentencia la bailarina Argelia Guerrero. Hay un gran desconocimiento de lo que implica ser “trabajador del arte”. Por ejemplo, que 80% tiene un segundo empleo, del que provienen sus principales recursos y acaso la seguridad social, según el economista Ernesto Piedras.

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“La cultura vale por sus componentes estéticos, sociales, de cohesión. Pero su dimensión económica también es muy grande”, apunta el analista económico especializado en esa industria. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la cultura aporta 3.2% del Producto Interno Bruto (PIB). Según el cálculo de Piedras, 7.4 por ciento.

El trabajo artístico requiere de tiempo para reflexionar, estudiar, investigar, ensayar y recrearse, enlista la actriz Sophie Alexander. Pero tomarse un espacio para todo eso, “sin preocuparse por llenar el refri (sic), es un lujo que pocos se pueden dar”, agrega la nominada al Premio Ariel 2019 por su protagónico en Los días más oscuros de nosotras.

“Si recién terminaste un papel agotador, que implicó gran esfuerzo emocional y físico, y te cae otro proyecto, ni modo, a tomarlo”. El capital humano en ese sector, afirma Ernesto Piedras, no sólo genera mucho valor, sino que su productividad “es del doble del promedio nacional”.

De acuerdo con Nomismae Consulting, dedicada al análisis económico de las industrias culturales y dirigida por Piedras, 3.6% de la población económicamente activa (PEA) se emplea directa o indirectamente en este sector, lo que equivale a aproximadamente a 2 millones de trabajadores. “Y ese porcentaje de personas produce el 7.4% del PIB”.

Una segunda vida

La mayoría de los bailarines sobrevive de la docencia, cuenta Argelia Guerrero. La cofundadora de la Unión Nacional de Trabajadores de la Danza (Untradanza), advierte que el problema es que no todos tienen la vocación ni se preparan para hacerlo.

En la pintura también la enseñanza es un camino, pero se gana entre 95 y 150 pesos por hora, asegura la artista plástica Cecilia Barreto. La joven detalla que muchos se emplean como diseñadores gráficos o hacen retratos por encargo, “de la abuelita o de un alcalde”. Otra fuente de empleo es en restaurantes y hoteles para decorar espacios.

Las opciones para el baterista Pedro Avendaño han sido diversificarse más allá del soul y el rock, la música que le apasiona. Aprendió el “género versátil”, creado en bodas, XV años y todo tipo de ocasión. Hace nueve años que regresó a su natal Chiapas, después de estudiar y probar suerte en la Ciudad de México.

Se cansó de que para entrar a la escena capitalina no fuera suficiente el talento, sino tener contactos. También de que muchos malbaratan su trabajo con tal de conseguir una oportunidad y eso baja los salarios para el resto de los músicos.

Aun así, en los bares chilangos la paga por noche era de entre 500 y 700 pesos. “Acá necesito tres noches para llegar a ese sueldo”. No puede hacer tres noches en una, pero sí está en tres proyectos musicales diferentes para completar sus gastos.

En la actuación, el doblaje y los comerciales son una alternativa. Y de los tres campos de empleo habitual, cine, teatro y televisión, es esta última donde más pueden ganar, según Sophie Alexander.

En el cine comercial los salarios son mejores que en el independiente. Ocurre algo parecido con el teatro. “El Estado no los considera generadores de recursos”, por lo tanto, los apoyos son mínimos, se queja.

En las obras de teatro comerciales “los salarios son hasta tres veces mayores que en las subsidiadas”, como las del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal) o de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). “Además, terminas la temporada y todavía no te pagan”.

Si bien en la televisión es donde se gana más, “no es verdad que quienes laboramos ahí tenemos mucho dinero”, aclara la actriz. De hecho, los salarios lejos de aumentar se reducen, pues “en algunos proyectos siguen pagando lo mismo que hace 15 años”, es decir, entre 20,000 y 30,000 pesos al mes si se tiene un papel importante.

Artistas, no trabajadores

Hasta hace unas semanas, Cecilia Barreto comenzaba su jornada a las 7 de la mañana. La primera parte del día lo pasaba trabajando en su estudio, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Hacia las 4 de la tarde se iba a Copilco a terminar, con otros artistas, el proyecto de un mecenas.

A mediados de septiembre partió a Canadá. Obtuvo una beca del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) para una residencia artística de tres meses en el Centro Baff. En 2009, la ganó para el programa Jóvenes Creadores.

“Trabajamos mucho. Quizá la gente piensa que nos las pasamos en la fiesta o que tenemos mucho tiempo libre”, reprocha la joven. Las voces de la bailarina Argelia Guerrero, de la actriz Sophie Alexander y del baterista Pedro Avendaño se oyen aquí, hablando de las más de 10 horas diarias que le dedican a su disciplina.

Consideran que las becas del Fonca deben continuar en tanto no haya una política de Estado que les dé el trato de trabajadores. “Yo tuve un crecimiento a partir” de la beca de Jóvenes Creadores, dice Barreto. “Si no eres privilegiado de nacimiento, como yo, te da un impulso”. Después de eso, cuenta, su trabajo comenzó a ser reconocido.

Todos se quejan porque, a pesar de generar riqueza económica y cultural al país, ellos no tienen seguros de salud, prestaciones, ahorro para vivienda o pensión. Vaya, ni siquiera tienen un salario seguro.

“Con nosotros, la discusión sobre derechos laborales es mucho más vieja. Vamos mucho más atrás en términos de derechos, porque ni siquiera se nos considera trabajadores”, apunta la bailarina Argelia Guerrero.

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