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Regreso al semáforo rojo, riesgo que pone en jaque a trabajadores y empresas

Regreso al semáforo rojo, riesgo que pone en jaque a trabajadores y empresas
Para algunos sectores el impacto de regresar a un nivel alto de alerta por la pandemia ya no sería tan fuerte, pues las personas aprendieron a teletrabajar. Para otros, como la industria restaurantera, sería devastador.

Si la mayor parte del país vuelve a semáforo rojo por el aumento de contagios de covid-19 sería catastrófico para muchas industrias y para el empleo, señala preocupado Germán González, presidente de la asociación de Directores de Cadenas de Restaurantes (Dicares).

Sin desestimar los daños a la economía, el académico de la Facultad de Negocios de la Universidad La Salle, Carlos Clúa, es más optimista. A estas alturas de la pandemia contamos con una ventaja, dice: hemos entendido el impacto del confinamiento en las fuentes de ingreso.

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Esta semana Chihuahua se convirtió en la primera entidad en regresar al nivel máximo de alerta de contagios y es el único estado en semáforo rojo. Hay 19 estados en semáforo naranja, 11 en amarillo y uno en verde, que es Campeche.

En la Ciudad de México 14 colonias se agregaron al listado de Áreas de Prioritarias debido al aumento de casos. Y lo que está sucediendo en un municipio chihuahuense o en la alcaldía Iztapalapa no es muy diferente a lo que pasa en Europa: el peligro de volver a los niveles de brotes que se tenían en marzo, abril o mayo.

Sin embargo, América Latina ha sido la región más afectada en materia de salud y de empleo, de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Más de 34 millones de personas acá dejaron de laborar y sólo 2 millones pudieron seguir buscando un nuevo puesto. En México el pico máximo de personas desocupadas superó los 12 millones.

El cierre de gran parte de las actividades consideradas no esenciales provocará que a finales de 2020 la industria restaurantera haya perdido más de 100,000 millones de pesos en México, de acuerdo con Germán González. Si se llama a una nueva suspensión “no hay manera de que este sector sobreviva, incluso si fueran unos cuantos días”, advierte.

Los aprendizajes

De volver a semáforo rojo, el impacto no sería el mismo, sostiene Carlos Clúa de la Torre, docente en la Universidad La Salle y socio de la consultoría en recursos humanos y liderazgo Oclúa Consultores.

En estos momentos, dice en entrevista, “tenemos un aprendizaje que no tuvimos los primeros meses de la pandemia”. En Chihuahua el paro no es total, como no lo está siendo en Europa. Las principales medidas a tomar será reducir los horarios de actividad hasta las 8 de la noche, afirma.

“Por supuesto que esto le pegará a muchos trabajadores y a la economía”. Lo positivo, insiste, es que en una “segunda vuelta” muchas personas ya sabrán usar algunas tecnologías y aprendieron a laborar desde casa. También contarán con mayor infraestructura, desde programas para laborar a distancia hasta equipos de cómputo. Y estaremos más cerca de una legislación para regular el teletrabajo, agrega.

La parte negativa, además del daño a la economía de manera directa, es el humor de la gente. “Vemos a gente malhumorada, triste, con dolor de cabeza. Este escenario para muchas personas es una pesadilla, y con esa visión no puede producir de manera eficiente”.

Los que no pueden teletrabajar

El sector de servicios, donde se ubica la industria restaurantera, es uno de los más afectados por la pandemia. De marzo a septiembre más de 200,000 personas dejaron de trabajar en esta industria, informa el líder de Dicares y consejero de la Asociación Mexicana de Restaurantes (AMR), Germán González.

“Íbamos muy bien. En 2019 empleábamos a más de 2 millones de personas. Somos una de las que más trabajo da en el país, quizá los segundos”. Cuando se decretó la suspensión de actividades, “pensamos que sería por un mes, quizá dos”. A medida que el confinamiento no terminaba, dice, tuvieron que tomar decisiones.

“No queríamos despedir a la gente, es con quien construimos valores, la hemos capacitado, es quien hace posible que esto exista”. Pero la crisis se fue profundizando “y empezaron los despidos”. La mayor parte de la pérdida de empleos ha sido por el cierre de las unidades, asegura.

Conforme varias entidades pasaron de color rojo a amarillo en el semáforo covid, o incluso naranja, reabrieron sus locales. Luego, pudieron tener más aforo y después se extendieron sus horarios. Pero ahora, “estamos muy preocupados por lo que se viene. La situación económica de los restaurantes está muy frágil y regresar a un cierre sería catastrófico”.

De acuerdo con la OIT, las mujeres y las personas jóvenes han sido los grupos más afectados. Principalmente porque trabajan en el sector de servicios. “Somos una industria con cara de mujer”, confirma Germán González. Cerca del 60% de la plantilla es mujer, y la mitad de esa porción es cabeza de familia.

“El trabajo que se realiza acá es físico, retador, se necesita mucho vigor. Por ello un componente principal es la gente joven”, añade. Los restaurantes son el primer empleo de muchas personas, sirviendo en las mesas o alguna otra actividad. “Éramos la primera opción de muchos, donde podían aprender un oficio o hacer una carrera”.

Los retos son muchos, señala. Si bien se han adaptado con entregas a domicilio o colocándose en plataformas digitales, no es suficiente. “Alrededor de una mesa hay grandes experiencias y es lo que quiere la gente”.

La industria ha respondido capacitando a su personal para evitar contagios. Pero no ha sido fácil: usar una careta todo el día atendiendo a clientes o en las calurosas cocinas, lavarse las manos constantemente, tomar precauciones en el transporte público es cansado. “Están poniendo de su parte, todos lo hacemos. Un nuevo cierre no lo resistiríamos”.

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