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Jornaleros digitales: Esenciales en la pandemia, pero sin protección laboral

Jornaleros digitales: Esenciales en la pandemia, pero sin protección laboral
Repartidores y conductores de aplicaciones como Uber, Rappi y Didi han seguido trabajando, pero sin derechos laborales debido a la falta de regulación de la relación de trabajo con las plataformas.

Hace casi dos años, Alfonso Morales tuvo un accidente y se fracturó la mano, pero su labor como repartidor de una plataforma digital no le permitió descansar, porque dejar de laborar implicaba no tener ingresos. A partir de ese momento, el joven trabajador dimensionó el riesgo de salir a la calle sin seguridad social. 

El “quédate en casa” no fue una realidad para los trabajadores en actividades esenciales, ése fue el caso de los repartidores y conductores de aplicaciones como Uber, Rappi, Didi y Sin Delantal, gracias a su trabajo varios negocios sobrevivieron al confinamiento social. Sin embargo, la pandemia de Covid-19 ha evidenciado las condiciones en las que estos llamados “jornaleros digitales” continúan exponiéndose en la calle, coinciden especialistas. 

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La combinación de la pandemia y la necesidad de trabajar entre riesgos de accidentes, asaltos y contagio, todo sin un ingreso seguro, ha sido la bandera que ha llevado a muchos repartidores y conductores a exigir derechos laborales que no tienen, porque según sus contratos de adhesión, no hay una relación de trabajo con las plataformas. 

“Ellos están más expuestos y ése es uno de los temas centrales: protegerlos frente a los riesgos de salud, accidentes, asaltos y todo a lo que están expuestos al estar en la calle. Es lo mismo que sufren otros trabajadores que laboran en la calle, pero aquí con un claro beneficiario, porque no son trabajadores ambulantes: las plataformas y las aplicaciones que se benefician altamente de esta situación”, afirma en entrevista la investigadora Graciela Bensusán. 

Los términos “socio o colaborador” han dejado en una laguna legal a repartidores y conductores de aplicaciones, eliminando responsabilidades patronales para las plataformas con estos trabajadores, como otorgar seguridad social, vacaciones, aguinaldo, reparto de utilidades, capacitación, entre otros derechos. 

La Organización Internacional del Trabajo (OIT), la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) han alertado ya sobre los riesgos de precariedad que conlleva no regular las relaciones laborales en las aplicaciones móviles. 

¿Socio o subordinado?

Hay algunas plataformas que, a pesar de autodenominarse como intermediarias, en la práctica tienen criterios de subordinación, como la fijación del costo del servicio, reglas “recomendadas” para realizar el trabajo, penalización por rechazar servicios y procesos de reclutamiento rigurosos. En resumen, el control de la plataforma sobre el servicio pone en duda el criterio de socio o trabajador independiente, según el estudio Ocupaciones emergentes en la economía digital y su regulación en México, realizado por Graciela Bensusán para la Cepal.

“Está en la Ley, todo el trabajo subordinado tiene derecho a una serie de prestaciones y obligaciones por parte de las empresas; con ellos lo que hay que hacer es definir que se trata de trabajo subordinado”, puntualiza la investigadora. 

Las plataformas digitales, en la medida que han llegado a satisfacer necesidades del mercado, también han puesto en riesgo el empleo digno en la economía digital. María Noel Chaves, académica de la Universidad ORT de Uruguay, considera que los repartidores y conductores han quedado con poca protección laboral debido a la falta de regulación. 

“Son trabajadores que están en un altísimo riesgo. En esta pandemia son justamente los trabajadores que de alguna forma están en la primera línea prestando un servicio que se ha vuelto esencial. Ahí es donde la regulación, las leyes tienen que estar. Hay que buscar la forma de que este grupo de trabajadores gocen de derechos laborales y tengan la seguridad social”, expone en entrevista la también coautora del informe “El futuro del trabajo en América Latina y el Caribe: ¿Cómo garantizar los derechos de los trabajadores en la era digital?”, del BID liderado por Verónica Alaimo.

Para María Noel Chaves, la pandemia por la Covid-19 puso el foco en las condiciones laborales de los trabajadores de plataformas digitales y avivó el reclamo de algunos movimientos que han comenzado en los últimos dos años. “De alguna forma lo que hizo fue darle una mayor visibilidad a todo este tema”, agrega. 

Movimiento naciente 

Alfonso Morales se ha valido de su experiencia como socio de una plataforma digital y ahora es el líder del Sindicato Independiente de Repartidores por Aplicaciones (SIRAps), una coalición integrada por repartidores y conductores que pugna por mejores condiciones de trabajo. 

“Somos compañeros repartidores, trabajadores que tienen necesidad de trabajar aceptando condiciones desventajosas de derechos. Somos una nueva población vulnerable, desde jóvenes que es su primer empleo hasta gente de mayor edad”, puntualiza. 

En ese sentido, considera que la pandemia ha despertado mayor conciencia entre el gremio sobre la precariedad en la que trabajan, pues durante la emergencia sanitaria no sólo se han expuesto a accidentes o asaltos, también al contagio del nuevo coronavirus. “Las empresas nos brindan cubrebocas y gel pensando que con eso es suficiente para atender nuestra situación”, comenta. 

Pero la exigencia de derechos laborales también está presentada en el colectivo #NiUnRepartidorMenos, un movimiento que nació a raíz del fallecimiento en noviembre de 2018 de un repartidor atropellado por un camión de basura. Lo que comenzó siendo un grupo de apoyo entre compañeros, se ha convertido en un frente para buscar mejores condiciones de trabajo, con seguridad social y reconocimiento pleno de su relación laboral con las aplicaciones.

“Queremos y necesitamos los derechos laborales para los compañeros. Porque vemos que mueren compañeros, que se accidentan compañeros y el que menos va a responder es la aplicación. Aquí hay una máxima y es que el que reparte se lleva la peor parte”, expresa en entrevista Saúl Gómez, cofundador de un #NiUnRepartidorMenos, uno de los colectivos más activos en diálogo y movilizaciones en torno a los derechos laborales de los repartidores de aplicaciones.

Para Saúl Gómez, hay señales claras de que el trabajo que realizan es subordinado y por lo tanto, las plataformas digitales deben cumplir con los derechos laborales que les corresponden a los que reparten alimentos y manejan a través de una aplicación.

“No somos sus socios, somos sus trabajadores, desde el momento en que nos dice qué hacer y cómo hacerlo, somos sus empleados. Hay muchas (condiciones de subordinación), desde cómo te desconecta porque según incumpliste términos y condiciones, ahí podría ser un principio; el cómo te motiva para que sigas conectado y sigas trabajando, el cómo busca que aunque esté cayendo un tormentón en la ciudad, te dice: sigue trabajando, te doy 20 pesos por cada entrega realizada. Entonces, les guste o no, pues eso es subordinación”, puntualiza el activista.

¿Trabajador informal? Los repartidores y conductores de aplicaciones pagan impuestos y a pesar de ello, no tienen los mismos derechos que un trabajador formal, agrega el integrante de #NiUnRepartidorMenos.

El adjetivo socio sólo se ha aplicado a conveniencia. “Por ejemplo, los que trabajamos en Uber no tuvimos si quiera voz y voto en saber si estaba bien -si fuéramos socios- o no recibimos un memorandum que dijera ‘queridos socios, cómo ven comprar Cornershop o nos aguantamos para otra situación. Somos sus empleados, que hagan esas triquiñuelas de escudarse en que somos socios, es una tomada de pelo”, sentencia Saúl Gómez.

Algunas plataformas han activado un seguro gratuito por contagio de Covid-19, que garantiza un ingreso promedio por los días que no se podrá trabajar. Sin embargo, expresa, no hay una garantía para acceder al beneficio porque, en primera instancia, es la plataforma quien valida si el repartidor o conductor está enfermo.  

Pero el seguro, considera Alfonso Morales, es un medio por el cual las empresas están aceptando la relación laboral. “Si fuéramos socios, solamente se haría convenio entre repartidores y se canalizaría a una institución para que por nuestra cuenta adquiriéramos ese seguro. Pero sí, aquí ya se empieza a cumplir con una obligación patronal que es velar por la salud y seguridad de sus trabajadores”, concluye. 

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