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Crisis por Covid-19 acrecentará precariedad laboral en los pueblos indígenas: OIT

Crisis por Covid-19 acrecentará precariedad laboral en los pueblos indígenas: OIT
Casi 90% de las personas indígenas labora en la informalidad, de acuerdo con el organismo, y la pandemia del nuevo coronavirus está abriendo más las brechas de desigualdad en esta población.

Antes de la pandemia de Covid-19, más del 86% de las personas indígenas de todo el mundo trabajaba en la economía informal, es decir, con “salarios bajos y ausencia de protección social”, advierte la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Y a medida que la crisis evoluciona, las condiciones laborales para esa población empeoran, advierte.

Para dar cuenta de las desigualdades, la OIT informa, en su reporte La Covid-19 y el mundo del trabajo: Un enfoque en los pueblos indígenas y tribales, que la tasa de informalidad para personas no indígenas es de 66%, 20 puntos menos que entre las comunidades indígenas.

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El 9 de agosto se conmemora el Día Internacional de los Pueblos Indígenas. La OIT ha aprovechado la fecha para indicar que el nuevo coronavirus está afectando el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para las más de 476 millones de personas indígenas del mundo.

“Entre los factores que explican esta situación figuran su posición de desventaja en el mercado laboral”, así como “su elevada proporción entre la población pobre”. Las personas indígenas tienen tres veces más probabilidades de vivir en la extrema pobreza, comparadas con quienes no lo son.

Y si se habla de mujeres los datos son peores. Las mujeres indígenas tienen 26% mayor probabilidad de trabajar en el sector informal que las mujeres no indígenas. En cuanto a la pobreza extrema, “se encuentran en el extremo inferior de todos los indicadores socioeconómicos”.

De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), en México el 3.7% de los hombres no indígenas vive en la extrema pobreza. En cambio, 40% de las mujeres indígenas en este país padece la pobreza extrema.

No obstante, la gran mayoría de las indígenas desempeña funciones esenciales. Por el ejemplo, el trabajo doméstico y de cuidado, por el que ellas no obtienen dinero, pero tiene un valor para la economía.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) las mujeres que viven en zonas rurales contribuyeron con casi 64,000 pesos en el 2018. Mientras que las mujeres en zonas urbanas aportaron con su trabajo poco más de 58,348 pesos. Los hombres de zonas urbanas o rurales, en promedio, no superaron los 21,000 pesos.

Las recomendaciones de la OIT

Esta población obtiene sus ingresos principalmente de los sectores “duramente afectados por la crisis”, dice la OIT. Gran parte ellos, dentro de la economía informal: servicios, trabajo doméstico, hostelería, turismo, comercio, transporte, manufactura y construcción.

Las medidas de confinamiento para controlar la propagación del virus también afectaron la agricultura y las industrias de elaboración de alimentos. Muchos países, incluido México, dependen en gran medida de los trabajadores de las comunidades indígenas para sacar adelante estas actividades económicas.

Como consecuencia, la OIT observa “efectos en cascada” muy graves, como la escasez de comida. Con la reducción de la demanda y de la posibilidad de ofrecer su mano de obra, sus bienes o sus servicios, “la capacidad de los pueblos indígenas para adquirir productos básicos, incluidos los alimentos, está disminuyendo”. En ese sentido “el espectro de la hambruna se cierne sobre muchos hombres y mujeres indígenas”.

El informe del organismo también habla sobre la “migración inversa”. Muchas personas indígenas que trabajaban en centros urbanos fueron despedidas o han tenido que dejar sus micronegocios. De esa manera, “han visto cómo se desmoronaban sus medios de vida y están regresando a sus comunidades en las zonas rurales”.

Algunas de las recomendaciones que hace la OIT a los gobiernos para proteger a las trabajadoras y trabajadores indígenas son:

  • Promoción de empleos verdes.
  • Evaluaciones rápidas sobre las repercusiones económicas de la Covid-19 en las mujeres y los hombres indígenas de la economía informal. Esto, tanto en los trabajadores como en los empresarios.
  • Con base en esas evaluaciones, formular medidas de apoyo para sectores y ocupaciones donde trabaja esta población.
  • Transferencias de efectivo, prestaciones en especie y apoyo a los ingresos durante la enfermedad y el autoaislamiento.
  • Elaborar medidas de seguridad y salud en el trabajo. Que el retorno laboral sea culturalmente apropiado y responda a las necesidades de los trabajadores y los empresarios indígenas.
  • Apoyar a las pequeñas empresas y cooperativas de pueblos indígenas y tribales.
  • Promover el acceso al empleo de las mujeres indígenas, el acceso a la tierra y a los créditos.
  • Impulsar el empleo de jóvenes indígenas, centrándose en la formación profesional y los empleos verdes.
  • Elaborar sistemas de protección social inclusivos.
  • Promover el diálogo y la colaboración entre las organizaciones de empleadores, trabajadores y organizaciones de los pueblos indígenas.

“Las consecuencias socioeconómicas de la Covid-19 tienen un profundo impacto en los trabajadores, empresarios y comunidades indígenas y tribales. Las medidas para asegurar una respuesta a la Covid-19 y una recuperación que respondan a las necesidades de los pueblos indígenas y tribales deben promover su acceso al trabajo decente y a la protección social”, advierte la OIT.

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