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Conasami va por nueva canasta básica; advierten deficiencias

Conasami va por nueva canasta básica; advierten deficiencias
La Conasami apuesta por una canasta básica para la "vida digna"; sin embargo, la elaboró consultando a expertos, no a la gente, destaca el CEEY.

La Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami) quiere pasar de una canasta básica que defina la línea de pobreza a una que determine si la gente está alcanzando una vida digna. Sin embargo, la propia definición de “vida digna” la estaría tomando más desde los expertos académicos que de la gente que lo vive día a día.

Para Marcelo Delajara, director del Programa de Crecimiento Económico y Mercado Laboral en el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), no es que la metodología la Conasami no sea confiable. Sin embargo, opina que necesita consultar más a la gente.

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La Conasami anunció que trabaja en la elaboración de una nueva canasta básica con 65 bienes y servicios. La suya sería otra referencia, además de las que elaboran el Instituto Nacional de Geografía y Estadística y el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política Educativa (Coneval).

El procedimiento para calcular esa nueva canasta es el que dio a conocer la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) en 2018. Es un método estándar, la diferencia es que “los criterios de cobertura de necesidades son más amplios para llegar a lo que ellos considerarían una vida digna”, explica Delajara en entrevista.

A la Conasami le preocupa que la discusión sobre una canasta básica sea “exclusivamente para medir una línea de pobreza”, refiere el exgerente del Banco de México (BM). Por ello de esa lista de 65 necesidades, 22 no son alimentarias y tienen que ver con la educación, el transporte y el entretenimiento.

Canastas básicas hasta para los millennials

En México existen varias canastas básicas. Unas han sido construidas por instituciones públicas y otras por instituciones privadas. La del Coneval tiene un enfoque multidimensional, no sólo toma en cuenta el ingreso, sino las carencias. Es decir, no se queda en que si a alguien le alcanza el salario para comprar una, también si tiene seguridad social o piso firme en su casa.

Ésta es referente en el país y en toda América Latina. Para calcularla, elige un grupo que, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), tiene un ingreso que le permite adquirir todos los productos que ha seleccionado, explica Marcelo Delajara.

Luego, los expertos del Coneval estudian los patrones de gastos no alimentarios de ese grupo y, a partir de ahí, definen una canasta básica. El que la pueda comprar no vive en pobreza de ingresos. A quienes no les alcance, entran en el rubro de pobreza.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) tiene su propia estimación, la cual ya contempla servicios considerados como básicos por la generación del Milenio (millennial), como alimento para mascotas o peluquería. Liconsa también tiene su canasta básica alimentaria, que en enero de este 2019 aumentó sus productos de 23 a 40.

El CEEY prepara su propia definición

“¿Cuál es el mínimo que todo mundo debería tener para alcanzar una canasta digna?”, cuestiona Marcelo Delajara, quien también ha sido consultor de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).  El hecho de que la Consami siga la metodología de Cepal, que no está separada de lo que dice la Coneval, “muestra que ha sido una elección correcta”.

Sin embargo, insiste, si no hacen un proceso de consulta, el resultado no estaría tan apegado a la realidad como se desearía. Más que los académicos, los verdaderos especialistas son quienes padecen quincena a quincena la compra de productos o servicios básicos.

Estimaciones de agencia estadísticas, como la del Inegi, o con criterios de especialistas, toman como referencia esas cifras u opiniones para decidir quitar o agregar un producto, indica. “Al hacerlo con consultas es más fácil, porque las personas deben justificar la necesidad y son quienes definen qué es una vida digna”.

Por ello, el CEEY ha comenzado su propio cálculo, precisamente haciendo consultas. “Es un proceso caro y más tardado, pero funciona. Llegas a decisiones muy sólidas”, afirma. En diferentes partes del país, con grupos de diferentes niveles socioeconómicos están llevando a cabo este estudio, cuyos resultados presentarán a la Conasami una vez terminado.

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